Hilario dulce caña

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Mónica Lavín

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Nueva Biblioteca del Niño Mexicano

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hilario dulce cana

abolicion de la

esclavitud
Mónica Lavín

Hilario no comprendía el ajetreo que había tomado por asalto la hacienda Guadalupe. Si él se iba a donde los bueyes para darles de comer y prepararlos para que dieran vuelta al trapiche, ya le gritaban quese fuera de allí. Grupos de hombres, negros como él, hablaban reunidos en círculos, y ello no sólo ocurría de día sino que se prolongaba en largas fogatas durante la noche. Desde allí, Hilario contemplaba la casa grande, algunos ventanales palpitando con la luz de los quinqués. Imaginaba a la familia Estrada reunida alrededor de la mesa, cenando los tamales de Zenaida. La india Zenaida, que tanbien guisaba y cuyos platillos tanto aplaudían no sólo los patrones sino también ellos, los negros que vivían en las cabañas de la orilla del plantío cañero. Estiraba su cuello oscuro y delgado, de muchacho recién alongado. “Pareces carrizo”, le decía su madre cuando le arreglaba los pantalones que le quedaban
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cortos, estira y estira. Y cuando lo veía taciturno, pensandoen sus cosas, porque él no iba a contarle a nadie del secreto que entumecía su corazón, intentaba abrazarlo y besarle las orejas como si fuera un bebé y le decía que no sólo era largo carrizo, sino dulce caña. Pero a Hilario le habría gustado que aquellas lisonjas vinieran de la niña Carmela, a quien intentaba adivinar allá dentro de los ventanales iluminados de la hacienda. “Niño bembón —loconminaban los otros negros tamborileando los bongós—, no mires donde no debes ver.” Y bastaba esa sentencia para que el viejo Chano se lanzara con una canción inventada: “Que si al negro se le iba el corazón para el maizal, que si el negro quería las flores del otro jardín, que si el negro había de ser negro por sus hijos y sus quereres y sólo blancos los dientes, blancos los ojos pero no los amores”.Hilario se cohibía. Y esa noche de revuelo la chunga era mayor, y su nerviosismo más evidente. Los muchachos no deben preguntar qué pasa, y menos siendo esclavos, que no deciden su vida ni su camino y se van con los amos y los hijos de los amos y se les olvida de dónde vinieron algún día; sólo algunos cantos y cuentos de los viejos les traen recuerdos de un lugar más allá del mar donde la lenguaes otra, y

Hilario, dulce caña. Abolición de la esclavitud

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donde el mundo es de un color oscuro como sus pieles, soleado como aquí sobre la caña. Por eso Hilario no preguntó por qué nadie estaba trabajando en la molienda de la caña, por qué no se habían puesto los bueyes en el trapiche, por qué dejaban la caña olvidada, la caña que tantas manos negras y algunas indias habían cortadocon esfuerzo, rasgándose las piernas por andar entre la maleza, defendiéndose de las víboras que, por más que la quemazón primera las hubiera ahuyentado, se aferraban algunas a ese escondite hecho de miel y ramaje. Entonces escuchó el relato deshilachado, todo dicho como en pedazos inciertos, como las cuentas de los collares que ensartaba la negra Mercé, con huesos de fruta, de semilla de planta, defrijol colorín. Que si el cura de pelo blanco que se llamaba Miguel Hidalgo ya había escrito que los esclavos serían libres, y no sólo eso: que no quedaban más que unos días para que negros viejos, jóvenes y niños fueran liberados de la aparente protección y del yugo del patrón. Y la pena es de muerte para quien no lo haga, susurró Mercé, que por argüendera era la más trágica. Así como ensartabacuentas ensartaba historias que esparcía sembrando intriga o haciendo que se encon-

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traran los amantes. Hilario sintió una punzada como de lanza en el esternón, como de mordida de víbora en la pierna. Porque ese dolor lo conocía, empezaba inesperado y brusco y luego se esparcía, y hacía sentir la pierna de barro seco, dura y pesada, y el dolor seguía avanzando hasta que...
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