Historia

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  • Publicado : 24 de noviembre de 2010
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CARTA A LA MAESTRA
Inicia este libro dirigiéndose a la maestra para rendirle el tributo de admiración y para encomendarle el destino de estas páginas. La llama «amiga» y bien puedes ser desde luego «amigo», pues a todos y cada uno de los maestros se refiere: pero optar por el femenino en esta ocasión es algo más que hacer un guiño a lo políticamente correcto.
En lo tocante a laadmiración, tampoco hay pretensión de halago oportunista. Vaya por delante que tengo a maestras y maestros por el gremio más necesario, más esforzado y generoso, más civilizador de cuantos trabajamos para cubrir las demandas de un Estado democrático.
Quienes asumen que los maestros son algo así como «fracasados» deberían concluir entonces que la sociedad democrática en que vivimos es también unfracaso. Porque todos los demás que intentamos formar a los ciudadanos e ilustrarlos, cuantos apelamos al desarrollo de la investigación científica, la creación artística o el debate racional de las cuestiones públicas dependemos necesariamente del trabajo previo de los maestros.
En el campo educativo —ésta es una de las convicciones que sustentan este libro— poco se habrá avanzado mientrasla enseñanza básica no sea prioritaria en inversión de recursos, en atención institucional y también como centro del interés público. Hay que evitar el actual círculo vicioso, que lleva de la baja valoración de la tarea de los maestros a su ascética remuneración, de ésta a su escaso prestigio social y por tanto a que los docentes más capacitados huyan a niveles de enseñanza superior, lo querefuerza los prejuicios que desvalorizan el magisterio, etc.
También podemos confiar en que las individualidades bien dotadas se las arreglarán para superar sus deficiencias educativas, como siempre ha ocurrido. Está muy extendido cierto fatalismo que asume como un mal necesario que la enseñanza escolar salvo en sus aspectos más servilmente instrumentales fracasa siempre.
La educación es sin duda elmás humano y humanizado de todos, según luego veremos, la tarea de educar tiene obvios límites y nunca cumple sino parte de sus mejores ¡o peores! propósitos. Pero no creo que ello la convierta en una rutina superflua ni haga irrelevante su orientación ni el debate sobre los mejores métodos con que llevarla a cabo.
La educación parece haber estado perpetuamente en crisis en nuestro siglo, al menossi hemos de hacer caso a las insistentes voces de alarma que desde hace mucho nos previenen al respecto. Cuando ahora confiese, amiga mía, que este libro responde a la preocupación por la crisis actual de la educación es probable que muchos se encojan de hombros: ese triste cuento ya lo hemos oído tantas veces... Aun así, creo que es posible señalar peculiaridades inquietantes en el estadio críticoque hoy atravesamos.
En el caso de un libro sobre la tarea de educar, empero, el optimismo me parece de rigor: es decir, creo que es la única actitud rigurosa. Veamos: tú misma, amiga maestra, y yo que también soy profesor y cualquier otro docente podemos ser ideológica o metafísicamente profundamente pesimistas. Podemos estar convencidos de la omnipotente maldad o de la triste estupidez delsistema, de la diabólica microfísica del poder, de la esterilidad a medio o largo plazo de todo esfuerzo humano y de que «nuestras vidas son los ríos que van a dar a la mar, que es el morir». En fin: lo que sea, siempre que sea descorazonador.
Hablar del valor de educar en el doble sentido de la palabra «valor»: quiero decir que la educación es valiosa y válida, pero también que es un acto decoraje, un paso al frente de la valentía humana.
EL APRENDIZAJE HUMANO
Dice Graham Green e que «ser humano es también un deber». Se refería probablemente a esos atributos como la compasión por el prójimo, la solidaridad o la benevolencia hacia los demás que suelen considerarse rasgos propios de las personas «muy humanas», es decir aquellas que han saboreado «la leche de la humana ternura», según la...
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