La historia de san michele

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La historia de
San Michele
Axel Munthe
Ce n'est rien donner aux hommes
que de ne pas se donner soi-même.

EDITORIAL JUVENTUD, S. A.
Provenza, 101 - Barcelona

A
S. M. LA REINA DE SUECIA
protectora de los animales maltratados
y amiga de todos los perros
El día antes de su muerte recibió la
Reina mi promesa de que esta dedicatoria
subsistiría sin variación en el libro.
© AlbertBonniers Förlag. Estocolmo. 1929
© de la traducción española:
Editorial Juventud. Barcelona. 1935
Traducción directa del sueco por Nanny Wachsmuth de Zamora
Revisión literaria de Carlos del Corral Casal
Vigesimoctava edición. 1990
Depósito Legal. B. 24.361-1990
ISBN 84-261-0172-0
Núm. de edición de E. J.: 8.370
Impreso en España - Printed in Spain
Indugraf. S.C.C.L. - 08018 BarcelonaPRÓLOGO DE LA PRIMERA EDICIÓN INGLESA
Desde Francia me precipité a Londres para ocuparme de mi naturalización, en el caso de que mi país se viese arrastrado a la guerra con Alemania. Henry James, el famoso escritor americano, debía ser uno de mis testigos. También él hacía poco que había cambiado su nacionalidad: «Civis britannicus sum», decía con su voz profunda. Sabía que yo había tratado de hacer lopoco que me era posible y había fracasado porque estaba demasiado desamparado yo mismo para amparar a los demás. Conocía el destino que me esperaba. Poniéndome la mano en el hombro, me preguntó lo que pensaba hacer. Le respondí que estaba a punto de dejar definitivamente a Francia para esconderme, como un desertor, en mi vieja torre, el más adecuado sitio para mí. Al despedirme, me recordó que,años atrás, cuando fue mi huésped en San Michele, me animó a escribir un libro acerca de mi morada, considerada por él como el lugar más bello del mundo. ¿Por qué no escribir ahora la historia de San Michele si mis condiciones habían de empeorar haciendo decaer mi ánimo? ¿Quién podría escribir sobre San Michele mejor que yo, que lo había construido con mis propias manos? ¿Quién podría describir mejoraquéllos inestimables fragmentos de mármol esparcidos por el jardín donde en otro tiempo erguíase la quinta de Tiberio, el viejo y tétrico Emperador que había hollado con cansado pie el mismo pavimento de mosaico por mí vuelto a la luz bajo las vides? ¡Qué fascinador estudio para un hombre como yo, apasionado por la psicología! Para un hombre que desea olvidar su desgracia, nada mejor queescribir un libro; nada mejor que escribir un libro para un hombre que no podía dormir.
Ésas fueron sus últimas palabras; no he vuelto a ver a mi amigo.
Volví a mi inútil soledad en la vieja torre, humillado y descorazonado. Mientras todos ofrecían la vida por su país, yo pasaba mis días caminando por la torre sombría, inquieto como un animal enjaulado, mientras me leían interminables noticias desufrimiento y de dolores. Al anochecer, cuando la despiadada luz del día cesaba de torturarme los ojos, subía a San Michele en busca de noticias.
La bandera de la Cruz Roja Británica ondeaba sobre San Michele, donde hombres valerosos e inválidos iban a curarse con el mismo sol que me había expulsado de mi amada casa. ¡Ay, qué noticias! ¡Qué larga era la espera para quien no podía hacer otra cosa queesperar!
Pero ¿cuántos osan confesar lo que tantos han experimentado: que el peso de la propia aflicción parece más soportable mientras todos, hombres y mujeres en torno, están de duelo; que la herida de nuestro costado parece cicatrizarse mientras la sangre brota de tantas otras heridas?
¿Quién se atrevía a quejarse del propio destino mientras el mundo estaba en peligro? ¿Quién osaba lloriquearsobre el propio dolor mientras todos aquellos mutilados yacían en sus camillas con los labios mudos?
Calmóse, al fin, la tempestad. Volvió a reinar el silencio en la vieja torre. Quedé solo con mi espanto.
El hombre fue creado para llevar su cruz; por eso fue provisto de fuertes espaldas. Un hombre puede soportar su suerte mientras puede soportarse a sí mismo. Puede vivir sin esperanza, sin...
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