La mirada de donquijote

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  • Publicado : 10 de enero de 2012
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La mirada de Don Quijote

Cuantas veces lo he imaginado sobre la eterna llanura de la meseta castellana cada una de ellas lo hice vistiéndole como fiel escudero, acorazándole, armándole a conjunto de jubón y armadura, lanza en ristre y mano a las riendas del a veces famélico y otras centelleante y leal corcel Rocinante, prestos ambos, erguido el amo, dispuesto a la batalla y con ella a lagloria humana, unas veces sublime, las más anónimas, de enfrentarse a los fantasmas propios y ajenos. Mas entre todas sus estampas o gestas desiguales nunca me detuve a contemplar, a profundizar en la mirada, la puerta del alma, la que desentraña lo que se nos permanece ajeno y, ahora que lo pienso y por ello lo divulgo a quien seguido como yo de su propio auto juicio procura reconocer algo mas de loque en externa apariencia se divisa, es la mirada, una simple mirada, lo que nos define, nos delata, nos convierte, nos expone tornándonos vulnerables haciendo visible lo invisible. La puerta del alma. Cruzar el umbral de lo íntimo ajeno ha de hacerse con extremado desprendimiento, desprendimiento propio, deslastrando prejuicios y sentencias previas sin otra excelsa audiencia que el deseo deconocer, de aprender, de en definitiva, comprender.
Pero volviendo a la mirada, a encontrarnos con esa otra que se nos presenta yerma y distante, que por no entenderla o abarcarla nos limitamos a nosotros y también a su portador quedándonos con las gestas y lances del brioso caballero a quien todavía se me antoja divisar sobre los campos de Castilla cuando bajo el sol delirante de Julio losatravieso. Y me pregunto qué mas vieron esos ojos, qué mas vieron que no dijeron.
¿Nos miraban a nosotros? ¿A nuestros prejuicios? ¿A nuestra infalible sapiencia de que todo lo conocemos, que todo lo entendemos, siendo todo tal como lo establecemos, sin otro orden ni concierto ni melodía disonante que admita nuestra docta dirección? Porque lo que desentone, lo inarmónico, lo que suena distinto quedaindefectiblemente descartado, desterrado de nuestro aplauso, del público consenso. Me pregunto si se alzan todavía entre nosotros, en nuestras conciencias, en nuestras avenidas y plazas electrificadas y neonificadas esos fieros gigantes camuflados que algunos confundieron con molinos de viento, deambulantes entre nuestra complacencia y nuestra aseveración inmutable de que las cosas son como son y asíhan de ser y quien venga argumentando molinos, piaras de cerdos o disparates bajo nuestro bien establecido cielo, como visionario o lunático ha de ser clasificado, etiquetado y convenientemente despachado.
¿A qué se expuso? ¿A qué nos expuso puesto que Sancho enmarcaba la ceguera o invidencia de nuestros rostros?
Expúsose al ridículo, ese sentido del ridículo tan quijotesco como castizo, o¿debería mas bien decir ibérico?. Don Quijote se bajó la visera del yelmo, espoleó a Rocinante y enderezó la lanza hacia el concepto de lo ridiculizable y puede que aún mas allá adentrándose en nuestros temores y complejos internos. Consiguiendo con ello aunque creo que sin pretenderlo, la pervivencia, porque como otro visionario, entendiendo por ello el que divisa horizontes que la mayoría noalcanzamos, Miguel de Unamuno dijera: “que poniéndose en ridículo alcanzó su inmortalidad don Quijote”. Porque en efecto, prescindió de todos esos valores nuestros tan imprescindibles para ser coronado con el laurel del triunfo: la fama, el populismo, el carisma, el éxito.
Sí, otro mas de esos fútiles locos románticos que creía que el hombre es para la idea y no la idea para el hombre. Se ridiculizóante los demás una y otra vez y sobretodo ante sí mismo y, si lo primero exige de una reflexiva impermeabilidad externa, lo segundo requiere la transpiración de los mas íntimos valores, rebuscar entre las raíces mas enterradas para cerciorarnos de que la idea nos supera, nos sobrepasa, nos domina y que es digna de someternos a ella porque entonces es cuando descubrimos que somos ensalzados a...
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