La supina condena.

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La Supina Condena.

Y ahí quedo sin un ápice de vida. Su último suspiro había sucumbido a la necesidad de hablar, de asegurar su redención de alguna manera, ya que se sintió culpable por muchos días; quizá supuso que esa plegaria le daría una oportunidad para encontrar el camino al paraíso, junto a él.

-¡Por fin junto a ti!, padre…- fue el enunciado último que pudo pronunciar en su lechode muerte, mientras su corazón palpitaba por última vez, tan débil.

Todos nos sentimos demasiado tristes cuando sus ojos llenos de rencor, de tristeza, de coraje, por fin se cerraron. Ese existir que parecía tan nefasto, y su final, nos causaron un desconsuelo inmenso, sin embargo, a veces despierto pensando que después de una vida tan difícil, tan injusta, tan inmerecida, Pierre por fin pudoencontrar su felicidad…su muerte.

Con astucia y dedicación, él había desafiado al destino muchas veces, que sin misericordia apartaba de él, los logros de sus sacrificios, sus desvelos y sus angustias. A pesar de ello, él sonreía candorosamente y su energía se percibía a lo lejos, pero, esto no significaba que se sintiera fasto en realidad. Ciertamente, la paciencia no era uno de sus mejoresatributos, pues siempre se mostró recalcitrante, tan duro, tan estoico; en contraste, además de la sonrisa, se notaba en él una empatía y presteza para ayudar a las personas que estimaba.

Quienes se rodeaban de él entendían su actitud, pues sabían que desde muy pequeño se vio obligado a trabajar para alimentar a sus tres hermanas, más jóvenes que él. Su niñez la vivió sin padres, a la sombra deun tío autoritario que lo maltrataba, y del cual, desafortunadamente nunca pudo librarse pues, para bien o para mal, el Tío Edgard le había ofrecido posada en un pequeño cuarto de su casa, frío, a veces obscuro, en donde cohabitaba con Gabrielle, Shana y yo, Alizée.

Su infancia la pasó mayormente en sus trabajos de medio turno, mal pagados, que a duras penas le proporcionaban lo necesario paraconseguir escasas raciones de alimentos que repartía sin miramientos entre nosotras, y para vestir y calzar al menos, decentemente.

El papel de hermano mayor y padre postizo, habían sido una sentencia muy dura para su libertad, que en definitiva afectaron su carácter, y aún así, le permitían sentirse etéreo, valioso y apreciado.

Realmente su vida fue tan simple como aburrida, pero hizoengrandecer la nuestra sin pedir nada a cambio: se levantaba temprano por las mañanas y se alistaba para trabajar, siempre que le era posible tomaba un baño o solo mojaba su rostro con una toalla. Muchas veces sintió el deseo natural de satisfacer su apetito voraz, pero tenía que alimentarse con frugalidad, de otra manera “sus niñas”, como el nos llamaba, no tendríamos otra cosa que comer. Conpesares desayunaba una ínfima ración de frijoles y se disponía a salir a su primera jornada laboral. Pasaba en esa carnicería las siguientes siete horas, limpiando, atendiendo y entregando la mercancía.

A las tres horas de la tarde, caminaba presuroso a su segundo oficio, en donde tenía que limpiar la cocina de un restaurante en el centro de París, y de esta manera pasaba las siguientes cinco horasen labor.

Llegada la noche, recuerdo con nostalgia lo cuentos que el nos leía, o las ocurrencias y anécdotas que de su boca brotaban. Muchas veces calmaba nuestros temores con el simple toque mágico de su mano en nuestra frente. ¡Ese recuerdo me duele!
Me contaba que el dueño de la carnicería era un hombre ya mayor, que siempre le había tratado con amabilidad, como ser humano, y pronto, conel pasar de los días en ese cuarto lleno de sangre, de vísceras, de ganado, entre los dos había surgido una amistad enorme, algo que él alguna vez describió como única.

Cuando el se enfilaba a su segunda ocupación, más o menos a las tres de la tarde, a pesar del agotamiento que sentía, siempre caminaba muy feliz, sonriente por las calles pues en muchas ocasiones, Louis le confortaba con sus...
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