Leyendas

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LECTURA DE LEYENDAS GUERRERENSES

LEYENDA: EL APARECIDO DE TEPANGO (Leyenda de Chilpancingo)

LECTORA: MARIA DEL CARMEN GUERRERO GUERRERO

Chilpancingo, como todos los pueblos de Guerrero es rico en tradiciones y leyendas, como esta, que se asegura ocurrió en el año de 1899, cuando la ciudad capital era un caserío que se surtía de las aguas cristalinas del río Huacapa.

Don José eraarriero de oficio. Tenía como obligación conducir el correo de Tierra colorada a Iguala, lo que hacía en varias jornadas hasta entregarlo a los empleados del Ferrocarril México-Balsas, quienes trasladaban la carga a México y otros lugares a las que iba destinada.
En uno de sus tantos viajes a don José se le hizo noche, pasando por el predio de Tepango, cercano a Chilpancingo, cuando eran cerca delas 11:00 de la noche. Al llegar a ese sitio, entonces cubierto por frondosos árboles de amate, escuchó entonar una triste canción, descubriendo luego al hombre que sin prisa tocaba la guitarra.
El desconocido al verlo dejó de tocar bajando del tecorral en donde esta sentado, ofreciéndole un trago de mezcal que don José aceptó gustoso. Después de una amena charla, el cancionero identificado comoRafael Hurtado de Mendoza, le solicitó fuera portador de un encargo destinado a la señorita Ana María Alarcón y Leyva, vecina de Chilpancingo, ya que el tenía otras cosas urgentes por hacer.
Por espacio de una hora platicaron despidiéndose con un fuerte apretón de manos, depositando Rafael algunas monedas de oro en una cajita, la que entregó para hacerla llegar a una casa ubicada en la llamadacalle de las Flores. Después de cruzar las últimas palabras, don José continuó su viaje, en tanto el trovador siguió sacándole a la guitarra muy tristes notas.
Habiendo arribado a la ciudad poco después de la medianoche, el encargo no pudo entregarlo en el mismo momento, pues le pareció inoportuno ir a deshoras a molestar a la familia, reservándose para hacerlo en las primeras horas de la mañana.
Lacasa que habitaba la familia Alarcón y Leyva era espaciosa, toda de teja con un amplio jardín lleno de las más exquisitas flores; enormes bugambilias dejaban caer sobre un blanco muro sus hermosos colores. La entrada era un portón de macizas aldabas, ofreciéndole éstas una seguridad absoluta.
Con mano firme don José tocó a la entrada, apareciendo una mujer no menor de 80 años, quien le preguntóque deseaba, sacando la cajita de un morral preguntó por la señorita Ana María, la ancianita extrañada lo invitó a pasar al interior, le ofreció una silla del corredor, asegurándole que lo recibiría en seguida. No habían pasado ni dos minutos cuando con paso lento una longeva dama hizo su aparición; su cara era dulce, desprendiéndose de sus labios una amable sonrisa. El cabello todo blando quedabarematado en un chongo bien arreglado y en lo alto una peineta de carey; el vestido de seda azul cielo le hacía lucir majestuosa, portando en ambas manos anillos con piedras finas, pulseras de oro en excelente acabado y unos pendientes de filigrana rematados con perlas complementaban su arreglo personal.
Don José se levantó pausadamente de su asiento para estrechar la mano que le tendían. Despuésde contestar el saludo preguntó en vos baja ¿es usted la señorita Ana María Alarcón y Leyva?, contestándole la interrogada que así era. Entonces le entregó la cajita.
La vieja aristócrata al abrirla palideció; tal parecía que iba a desmayarse, porque tuvo que agarrarse fuertemente de una silla para no caer al suelo. De su boca salió un grito entre sorpresa y terror, provocando que la cajita sele soltara de las manos cayando ruidosamente al piso, abriéndose. Del interior salieron bailoteando algunas monedas de oro, que no sin cierta dificultad la anciana ama de llaves recogió. Ella sintió el mismo estremecimiento de su patrona, pero pudo controlarse de momento porque luego el llanto la hizo su presa.
El arriero quedo desconcertado; no sabía que actitud tomar, salir huyendo o auxiliar...
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