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Violín Anne Rice

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Violín

Anne Rice

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Para la doctora Annelle Blanchard, para Rosario Talara, para Karen, y como siempre, eternamente, para Stan, Christopher y Michele Rice, John Preston y Victoria Wilson. Y como tributo al talento de Isaac Stern y Leila Josefowicz

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Y elángel del Señor se apareció a María y ella concibió por obra del Espíritu Santo.

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PRÓLOGO
Lo que intento hacer aquí quizá no pueda hacerse con palabras. A lo mejor sólo se lo puede hacer con música, pero yo quiero intentarlo con palabras. Quiero darle al cuento la arquitectura que sólo puede brindar la narrativa -el comienzo, el medio yel final-, el apasionado desarrollo de acontecimientos pintado en frases que reflejen fielmente su repercusión sobre el autor. No es preciso que el lector conozca a los compositores que a menudo menciono en estas páginas -Beethoven, Mozart, Tchaikovsky-, los insólitos acordes de los violinistas melódicos ni la música espectral de los violines gaélicos. Mis palabras tendrían que transmitir al lectorla esencia misma del sonido. Si no lo hacen, quiere decir que hay algo que realmente no puede escribirse. Pero puesto que es la historia que está dentro de mí, la historia que me siento obligada a desarrollar -mi vida, mi tragedia, mi triunfo y su precio-, no me queda más remedio que intentar narrarla. Una vez que comencemos, no trate el lector de vincular los hechos de mi vida pasada y crear unacadena semejante a las cuentas de un rosario. Yo eso no lo he hecho. Las escenas surgen con cierto desorden, como cuentas arrojadas sueltas a la luz. Y si estuvieran unidas y formaran un rosario -y la cantidad de años que tengo es la misma que las cuentas de un rosario, o sea cincuenta y cuatro-, mi pasado no formaría un conjunto de misterios gozosos, dolorosos ni gloriosos. No hay en el extremoun crucifijo que redima esos cincuenta y cuatro años. Por eso brindo al lector los rutilantes momentos que importan para este relato. Byron en un acantilado junto al precipicio, la personificación meditativa y secreta del romance, cosa que él era, y muy merecidamente. Era fiel a su grandioso tipo, exquisito y profundo, trágico y fascinante como una Mater Dolorosa, y terminó pagando por lo que era.Pagó. Esto es... lo que sucedió. Pido que no se me tome como una anciana. Hoy en día, cincuenta y cuatro años no son nada. Prefiero que me imaginen, si se quiere, como una mujer de uno cincuenta y cinco de estatura, rellenita, con un torso deforme que ha sido el sufrimiento de mi vida adulta, pero con cara aniñada y pelo oscuro, grueso y largo, como también muñecas y tobillos delgados. La gordurano me ha cambiado la expresión facial que tenía a los veinte años. Cuando me oculto bajo ropa amplia, parezco una campanita. Mi rostro fue una amabilidad que tuvo Dios conmigo, pero no tan notable. Es la típica cara cuadrada germano-irlandesa, y mis ojos son grandes y castaños; el pelo, que llevo cortado recto sobre las cejas -una especie de flequillo, por así decirlo-, disimula mi peor rasgo, lafrente angosta. "Qué linda cara", le dice la gente a las regordetas como yo. Bajo la carne, apenas si aparecen los huesos para embellecerme. Mis facciones son insignificantes. Si alguien que pasa a mi lado me mira, lo hace atraído por cierta agudeza de mi mirar, una inteligencia pulida y fomentada, y porque, cuando sonrío parezco, sólo por ese instante, sumamente joven. Hoy en día no es raro sertan juvenil a los cincuenta y cuatro, pero lo hago notar porque, cuando yo era chica, una persona que superaba el medio siglo era vieja, y actualmente no es así. Cuando se llega a los cincuenta, a los sesenta, no importa qué edad, nos movilizamos como nos lo permite el físico -libres, fuertes, vestidos como jóvenes si así lo deseamos, informales, poniendo los pies en alto cuando nos sentamos-;...
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