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THOMAS DE QUINCEY

«La rebelión de los Tártaros»

Rebelión de los tártaros o huida del Khan de los Calmucos y su pueblo de los territorios de Rusia a las fronteras de la China

El 21 de enero de 1761, el joven príncipe Oubacha asumió el cetro de los calmucos a la muerte de su padre. Ya desde los catorce años, en su condición de Vice-Khan, había ejercido parte del poder asignado a taldignidad, por expreso nombramiento del Gobierno de Rusia y con su apoyo declarado. Ahora contaba dieciocho años, era persona amable y no le faltaban títulos que le valieran el respeto debido a un príncipe soberano. En épocas más tranquilas, y en un pueblo más civilizado o más humanizado por la religión, hasta es probable que desempeñara con distinción sus altas funciones. Pero le tocaron en suertetiempos tormentosos, una crisis dificilísima en medio de tribus cuya ferocidad innata se hallaba exacerbada por formas envilecedoras de superstición y por un convencimiento del propio mérito tan vano e hinchado que no admite precedentes, mientras que su dura y triste posición bajo la celosa vigilancia de un señor supremo e irresistible, el Zar de Rusia, exasperaba el áspero temperamento calmuco, y losaguijones de la sospecha y la desconfianza, al enconar sus cualidades más sombrías, las incitaba a la acción.

En tales circunstancias ningún príncipe podía confiar en la franca lealtad de sus vasallos ni esperar que su reinado fuese de paz; el dilema en que se hallaba el gobernante calmuco era el siguiente: sin la sanción y el apoyo del Zar resultaba demasiado débil en lo exterior como paraganarse la confianza del pueblo o resistir a sus competidores; de otra parte, con este apoyo, debía su título en cierta medida a la Corte Imperial y, en la misma medida, se volvía aborrecible en todo el ámbito de sus propios territorios. A un tiempo inspiraba odio por el pasado, por ser un monumento viviente de la independencia nacional perdida en la ignominia, e inspiraba desconfianza en cuanto alfuturo, pues ya se había revelado como el fiel instrumento de las voluntades (cualesquiera fuesen) de la Corte de Rusia. Puesto que heredara el cetro calmuco rodeado de los gravísimos prejuicios que inspiraban las desgraciadas circunstancias de su posición, cabía esperar que Oubacha sería detestado por todos ya que, aparte de depender, como era bien sabido, del Gabinete de San Petersburgo, tansólo -diecinueve años antes, o sea en memoria de la presente generación, se había roto la línea directa de sucesión y suspendido violentamente el principio de la herencia en favor de su padre.

Tal como su padre, Oubacha se hallaba en plena corriente de los prejuicios nacionales y podía anticipar la más abierta hostilidad. No fue así, sin embargo; tal es la inconsecuencia humana que hasta llegó aser, en cierto sentido, popular, favor que lo alentaba y que prometía ser duradero pues se debía exclusivamente a sus cualidades personales de bondad y llaneza así como a lo liberal de su gobierno. De otra parte, para contrarrestar esta inesperada prosperidad a comienzos de su reinado, se encontró un rival -y casi un enemigo- ante el afecto popular en la persona de Zebek Dorchi, príncipe de grandespretensiones al trono -casi se podría decir que iguales a las suyas- ya que pertenecía a la misma familia real, si bien a una rama distinta. Las razones de orden público que podía invocar eran, quizá, tan válidas como las de Oubacha, mientras que sus dotes personales, aun las que un observador flosófico consideraría más odiosas y repulsivas, resultarían eficacísimas para los oscuros propósitos deun intrigante o un conspirador y, en general, le ganaban el apoyo del pueblo justamente en los aspectos en que Oubacha era más deficiente.

Zebek Dorchi era de apariencia muy superior a su adversario reinante y por ello estaba más calificado para ganarse la adhesión de un pueblo semibárbaro, mientras que sus tenebrosas facultades intelectuales de disimulación maquiavélica, profunda hipocresía...
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