Memorias de una geisha

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  • Publicado : 14 de agosto de 2012
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Memorias de una Geisha

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Arthur Golden

© 1997, Arthur Golden
Título original: Memoirs of a Geisha
© De la traducción, 1999 Pilar Vázquez Álvarez
© De esta edición: 2006, Santillana Ediciones Generales, S. L.
Torrelaguna, 60. 28043 Madrid
Teléfono 91 744 906 0
Telefax 91 744 92 24

Diseño de cubierta y fotografías basados en el cartel y fotogramas de la película
Memorias deuna Geisha
© 2005 Columbia Pictures Industries, Inc. Y Dreamworks L.L.C. y Spyglass
Entertainment Group, LLC. Todos los derechos reservados.
www.Memoirs Of a Gesiha.com
Diseño de interiores: Raquel Cané

Primera edición: enero de 2006
Segunda edición: mayo de 2006

ISBN: 84-96463-21-4
Depósito Legal: M-23.639-2006
Impreso en España por Huertas S.A. (Fuenlabrada, Madrid)
Printed in SpainPara mi mujer, Trudy,
y para mis hijos, Hays y Tess

Nota del traductor

Cuando tenía catorce años, mi padre me llevó una noche, en Kioto, a un espectáculo de danza. Era la primavera de 1936. Sólo me acuerdo de dos cosas. La primera es que él y yo éramos los únicos occidentales del público; hacía tan sólo unas semanas que habíamos dejado nuestro hogar en Holanda y todavía no me habíaacostumbrado al aislamiento cultural, por eso lo recuerdo tan vívidamente. La segunda es lo contento que me sentí, tras meses de estudio intensivo del japonés, al darme cuenta de que entendía fragmentos de las conversaciones que oía a mi alrededor. De las jóvenes japonesas que bailaron ante mí en el estrado no recuerdo nada, salvo una vaga imagen de kimonos de brillantes colores. Por entonces no podíasaber que casi cincuenta años después, en un lugar tan lejano como Nueva York, una de ellas se convertiría en una buena amiga mía y me dictaría sus memorias.
Como historiador que soy, siempre he considerado que las memorias constituyen un material de primera mano, que no sólo nos proporciona datos de la persona en cuestión, sino también del mundo en el que ha vivido. Difieren de la biografíaen que el autor de las memorias nunca tiene el grado de perspectiva que, de por sí, suele poseer el biógrafo. La autobiografía, si es que tal cosa existe, es algo así como preguntarle a un conejo qué aspecto tiene cuando salta por el prado. ¿Cómo va a saberlo? Pero, por otro lado, si queremos saber algo del prado, nadie está en mejor posición que el conejo para decírnoslo, siempre que tengamos encuenta que nos perderemos todas aquellas cosas que el conejo no haya observado debido a su posición en un momento dado.
Digo todo esto con la certeza del investigador cuya carrera está basada en esta suerte de distinciones. He de confesar, sin embargo, que las memorias de mi querida amiga Nitta Sayuri me obligaron a replantearme algunas de mis opiniones al respecto. Sí, ella nos muestra elmundo secreto en el que vivió; como si dijéramos, nos da la visión del prado desde el punto de vista del conejo. Posiblemente no haya una descripción mejor de la extraña vida de las geishas que la que aquí nos ofrece Sayuri. Pero además nos deja una manifestación de sí misma que es mucho más completa, más precisa y más emocionante que el largo capítulo que se le dedica a su vida en el libroDeslumbrantes joyas del Japón, o en los varios artículos sobre ella que han ido apareciendo a lo largo de los años en revistas y periódicos. Se diría que, al menos en el caso de este insólito tema, nadie conocía mejor a la autora de las memorias que ella misma.
Que Sayuri llegara a ser famosa fue en gran medida una casualidad. Otras mujeres llevaron vidas similares a la suya. Puede que la renombradaKato Yuki —una geisha que cautivó a George Morgan, el sobrino de J. Pierpont, y se convirtió en su desposada en el exilio durante la primera década de este siglo— tuviera una vida aún más insólita en muchos aspectos que Sayuri. Pero sólo Sayuri ha documentado de una forma tan completa su propia saga. Durante mucho tiempo creí que su decisión de hacerlo así había sido fruto del azar. Si se...
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