Mi alma se la dejo al diablo

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DEL AMOR Y OTROS DEMONIOS

LEIDY DAYANA GIL GONZALEZ
CODIGO: 09
GRUPO: 7°B

LENGUA CASTELLANA
MARIA ISABEL GIRALDO ROJAS
DOCENTE

AMALFI – ANTIOQUIA
INSTITUCION EDUCATIVA PRESBITERO GERARDO
MONTOYA MONTOYA
01-04-2011

TABLA DE CONTENIDO

Pág.
INTRODUCCION-------------------------------------------------------------------------------------3
DEL AMOR Y OTROSDEMONIOS-------------------------------------------------------------4
GLOSARIO---------------------------------------------------------------------------------------------6
BIBLIOGRAFIA----------------------------------------------------------------------------------------8
BIOGRAFIA--------------------------------------------------------------------------------------------9

INTRODUCCION

Este trabajonos sirve para mejorar la lectura, la escritura, la ortografía, el aprendizaje y para aplicar las normas de ICONTEC.

Para la realización de este trabajo utilicé el libro “Del amor y otros demonios”, internet para la biografía del autor y el diccionario “español” para las palabras desconocidas.

El libro de Gabriel García Márquez DEL AMOR Y OTROS DEMONIOS nos habla de una sociedad en la cual losprejuicios y las costumbres a las cuales los pueblos estaban sometidos por orden de la iglesia valen más que cualquier opinión dada por alguien sensato. Este libro también nos muestra racismo y rechazo frente a las culturas africanas las cuales estaban sometidas a la esclavitud y fueron en muchas ocasiones maltratados y discriminados frente a la sociedad.

DEL AMOR Y OTROS DEMONIOS

El 26 deoctubre de 1949 no fue un día de grandes noticias. El maestro Clemente Manuel Zabala, jefe de redacción de diario donde hacia mis primeras letras de reportero, terminó la reunión de la mañana con dos o tres sugerencias de rutina. No encomendó una tarea concreta a ningún redactor. Minutos después se entero por teléfono de que estaban vaciando las criptas funerarias del antiguo convento de SantaClara, y me ordeno sin ilusiones:
”Date una vuelta por allá a ver que se te ocurre”. El histórico convento de las clarisas, convertido en hospital desde hacía un siglo, iba hacer vendido para construir en su lugar un hotel de cinco estrellas. Su preciosa capilla estaba casi a la intemperie por el derrumbe paulatino del tejado, pero en sus criptas permanecían enterradas tres generaciones de obispos,abadesas y otras gentes principales. El primer paso era desocuparlas, entregar los restos a quienes los reclamaran, y tirar el saldo en la fosa común.
Me sorprendió el primitivismo del método.Los obreros destapaban las fosas a piocha y azadón, sacaban los ataúdes podridos que se desbarataban con solo moverlos, y separaban los huesos del mazacote de polvo con jirones de ropa y cabellos marchitos.Cuando más ilustre era el muerto más arduo era el trabajo, porque había que escarbar en los escombros de los cuerpos y cerner muy fino sus residuos para rescatar las piedras preciosas y las prendas de orfebrería.
El maestro de obra copiaba los datos de la lapida en un cuaderno de escolar, ordenaba los huesos en montones separados, y ponía la hoja con el nombre encima de cada uno para que no seconfundieran. Así que mi primera visión al entrar en el templo fue una larga fila de montículos de huesos, recalentados por el bárbaro sol de octubre que se metía a chorros por los portillos del techo, y sin más identidad que el nombre escrito en un pedazo de papel. Casi medio siglo después siento todavía el estupor que me causo aquel testimonio terrible del paso arrasador de los años. Allí estaban,entre muchos otros, un virrey del Perú y su amante secreta; don Toribio de Cáceres y Virtudes, obispo de esta diócesis; varias abadesas del convento, entre ellas la madre Josefa Miranda, y el bachiller en artes don Cristóbal de Eraso, que había consagrado media vida a fabricar los artesonados .Había una cripta cerrada con la lápida del segundo marqués de Casalduero, don Ignacio de Alfaro y...
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