Modernidad

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DIALÉCTICA DE LA MODERNIDAD
RAFAEL ALVIRA

«El pensamiento moderno derrumbará textualmente el palacio celeste de ARISTÓTELES, las esferas de veinte siglos de metafísica y cosmología, poniéndolo en el vacío... y estableciendo relaciones entre Cielo y Tierra, entre el mundo sublunar y el celeste que no son jerárquicas ni substanciales» (C. CIMADEVILLA: Universo antiguo y mundo moderno, p. 100).Así escribía, en su obra más conocida, CÁNDIDO CIMADEVILLA, gran filósofo, inolvidable amigo, y colega en la Universidad Complutense, fallecido de modo inesperado ahora precisamente hace diez años. Quería comenzar con sus palabras porque él fue uno de los pocos que en España tomó conciencia de la hondura del problema de la modernidad y lo quiso abordar con espíritu de estudio y sin polémica,introduciéndose en una de las cuestiones clave, a saber, el significado de la ciencia moderna. Ha sido ella, sin duda, la que más ha contribuido a la aparición de esa conciencia epocal y revolucionaria que caracteriza a la modernidad. Si la modernidad ha pasado, como veremos en seguida, por diferentes momentos y circunstancias; si la modernidad ha llegado incluso a un frenesí problemático en el que nosabe cómo dar cuenta de sí misma y se convierte sólo en etiqueta vacía de la retórica al uso, ha tenido siempre sin embargo un refugio seguro al que volver, una tabla de salvación, una gran padre frente al que puede una y otra vez jugar con humildad el papel de hijo pródigo: ese padre es la ciencia nueva, la ciencia moderna. Ante el fenómeno de la ciencia moderna todos los exorcismos, todos losataques y embestidas de las fuerzas «reaccionarias», conservadoras o neoconservadoras, contra la modernidad, parecen perder 9

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su encantamiento o su fuerza: la ciencia moderna está ahí, edificio imponente, logros continuos y espectaculares, realidad innegable. Es menester, pues, tomar partido. Puede que la modernidad, como el éter de la física clásica, sea un concepto al queno corresponde realidad alguna, pero, también como el concepto de éter, será el indicio de un problema profundo que necesitamos, y aún no hemos sabido, resolver. Las primeras formas de enfrentarnos con el citado problema se me ocurre que son las siguientes. Una, arrancarle el padre a la modernidad, es decir, sostener que la ciencia moderna es, ciertamente, una obra magnífica, pero que no es lo quehoy se llamaría moderna, no es modernidad. Esta tesis ha sido sostenida por diversos autores, entre los que citaré, por ejemplo, a B. NELSON, que en su obra «Der Ursprung der Moderne. Vergleichende Studien zum Zivilisationsprozess» l dibuja un cuadro de los fundadores de la ciencia moderna que casi horrorizaría a los defensores actuales de la Ilustración2. También los estudios hoy en marcha,usando de una nueva y rica documentación, sobre la figura de Galileo (el año 83 apareció ya un volumen: Galileo Galilei. Studi Galileani, sous la direction de Paul Poupard) 3 , contribuyen a presentar una figura distinta de la que habitualmente se nos muestra, como se ve, sobre todo, en el
estudio de WILLIAM WALLACE 4.

Naturalmente, esta tesis no pretende negar el carácter fuertemente novedoso dela ciencia moderna en comparación con la antigua y medieval. Lo que pretende es sostener que, si bien es cierta la revolución científica, no es correcta la interpretación ni las consecuencias generales que la época posterior, la que se arroga ya el monopolio y patrimonio de la modernidad, saca de ella. Así, parece claro, como ponen de manifiesto los estudios de historia de la ciencia —recordemos unP. DUHEM, A. KOYRÉ, etc.— que, desde luego,

1. B. NELSON, «Der Ursprung der Moderne. Vergleichende Studien zum Zivilisationsprozess.». Frankfurt a.M. 1977. 2. Cfr. al respecto: W. Hübener: Cari Schmitt und Hans Blumenberg oder über Kette und Schuss in der historischén Textur der Moderne (en: Jakob Taubes (hrgb.): Der Fürst dieser Welt. S. 57-76), München, 1983. 3. PAUL POUPARD (dir.):...
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