Napalpi

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NAPALPÍ la herida abierta

En la primera quincena de julio de 1924, en el marco de una huelga indígena cada vez más sólida e intransigente, comenzaron a soplar vientos de guerra sobre la región, muchas batallas sangrientas se liberaron, pero solamente en las páginas de los diarios. Pero esos combates imaginarios desparramaron una fenomenal psicosis malonera sobre el mundo de los blancos.
Araíz de una siniestra resolución del gobernador Fernando Centeno. “Por pagar jornales muy inferiores a los del resto del país los indios se negaban a levantar el algodón. Entonces éste ordenó que los pobladores aborígenes no pudieran salir del territorio para obligarlos a trabajar en el suelo chaqueño al jornal que fijaran los terratenientes”. Más aún, el indio que aspirara a tener su capullo propiodebía enfrentar un impuesto del quince por ciento “a la producción”, más otro diez por ciento “por derecho de transporte”.
Los aborígenes se limitaron a seguir sosteniendo tozudamente su negativa a cosechar el algodón, medida que en una época signada por la escasa existencia de mano de obra implicaba consecuencias catastróficas para los productores. Cierto día, desesperados terratenientes,llegaron a la redacción de Napalpí pidiendo cosecheros; se volvieron con las manos vacías y fueron con sus penas a la Casa de Gobierno. Sus lamentos conmovieron al gobernador Centeno, quien decidió presentarse personalmente en Naplapí custodiado. El mandatario llenó de promesas a los “caciquillos”, con quienes parlamentó durante varias horas intentando el levantamiento de la huelga. El tiempocertificaría, sin embargo, que las galletas y la carne vacuna, entre otras promesas, nunca llegarían.
El titular de la Secretaría de Territorios del Ministerio del Interior de la Nación, Eduardo Elordi, abandonó Buenos Aires, rumbo al Chaco. Llegó a Napalpí el 12 de julio de 1924. Nunca se supo ni se sabrá de qué hablaron los caciques rebeldes y el funcionario nacional. Pero algo es seguro: no agradó elresultado a los aborígenes, porque un grupo de ellos asaltó de inmediato un par de establecimientos y mató a dos personas. Daba la impresión de que la indiada sólo pretendía cobrarse determinadas facturas pendientes. Muchos productores ni siquiera fueron molestados.
Aquellas aisladas incursiones sembraron el pánico por toda la geografía chaqueña, a medida que pasan las horas, las versiones crecenen magnitud y afloran las exageraciones. Se habla de más muertos, más asaltos y más indios rebeldes. Un disparatado rumor consigna que los aborígenes, de algún modo, habían acopiado mil quinientos Winchester y, consecutivamente, ya estaban en condiciones de arrasar con cualquier población del interior, e incluso atacar a la ciudad de Resistencia.
El gobernador Centeno telegrafía al ministro delInterior reclamando tropas del ejército para “sofocar la sublevación”.
La madrugada del 18 de julio de 1924 sorprende a Centeno en su despacho en plena conferencia con el jefe de Policía. En ese encuentro queda sellado el trágico final de centenares de indígenas. “Procedan con rigor para con los sublevados”, ordena el gobernador.
A las 11:15 del mismo día partió de Resistencia el avión “ChacoII”, su misión reconocer la exacta posición geográfica de los indios revoltosos”.
Al día siguiente, a media mañana, las fuerzas represoras recibieron la fatídica orden de entrar en acción.
“…El ataque terminó en una matanza, en la más horrenda masacre que recuerda la historia de las culturas indígenas en el presente siglo. Los atacantes sólo cesaron de disparar cuando advirtieron que en los toldosno quedaba un indio que no estuviera muerto o herido. Los heridos fueron degollados. Entre hombres, mujeres y niños fueron muertos alrededor de doscientos aborígenes y algunos campesinos blancos que también se habían plegado al movimiento huelguista”.
“…Desde un aeroplano, mediante la utilización de laguna sustancia química, se encendió la toldería donde habitaban los rebeldes. Les extraían...
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