Partido antirreeleccionista

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MANIFIESTO DEL PARTIDO NACIONAL ANTIRREELECCIONISTA.

CIUDAD DE MÉXICO, 11 DE AGOSTO DE 1928.

El Partido Nacional Antirreeleccionista, purificado en el crisol de las adversidades, templado en la acción recia y desinteresada, desdeña las actitudes de desaliento que generalmente disimulan egoísmos vergonzosos o cobardes reanuda su labor histórica.

Consciente de su versión, permanece depie sin altanerías, ni debilidades; ha sabido renunciar a las mezquinas pasiones que empequeñecen nuestras lides políticas, para sentirse digno depositario del principio emancipador que sirve de norma a sus actividades y que ineludiblemente triunfará de todo género de resistencias hasta convertirse en el símbolo que acerque, agrupe y unifique a todos los revolucionarios, para promover un estado delibertad y bienestar que salve al país y dignifique a la revolución.

No hemos sido advertidos de la reelección por motivos personalistas o circunstanciales. Consideremos a la libertad como el bien más grande que es dado disfrutar a los pueblos y consideramos, asimismo; que a esta libertad la coloca en peligro inminente, la detentación continuada o intermitente del Poder por parte de cualquierhombre, así se le puedan reconocer dotes excepcionales para dominar a las multitudes o se le pretenda divinizar con atributos de ser superior, necesario e insubstituible.

La persistencia en el ejercicio de la autoridad -que en nuestro medio es la prerrogativa de mandar con razón o sin ella- ensoberbece en general a los gobernantes y por excepción no los conduce a la demencia. El hábito demando fomenta un necio espíritu de suficiencia, de arbitrariedad y, principalmente, de despotismo, y todo despotismo es un baldón para la Humanidad.

La Nación, a pesar de sus desencantos, de su postración de su angustia, no quiere ya que sus destinos continúen a merced de demiurgos jamás comprendidos, ni aceptados; anhela un régimen que no cause sobresaltos, ni mortifique, ni aterrorice; unrégimen sencillo y ejemplar de garantías y de templanza moral; un régimen para el momento que vivimos, para esta época que repudia la violencia, y suspira por la concordia; un régimen de actualidad, en fin, civilizado y generoso y humano, que se "asocie al ritmo de la gran vida universal."

Las relaciones, del mismo modo que las imposiciones, generan fatalmente tiranías, como lo acreditan nuestrasexperiencias históricas. La renovación democrática, en cambio, origina estados de satisfacción pública y facilita la selección adecuada de los servidores de la Administración, selección indispensable, sobre todo, en un país como el nuestro, de funcionarismo exacerbado y escandalosamente irresponsable.

Por todos estos motivos de índole, que pudiéramos llamar doctrinaria, pero también por causasde orden práctico, y a nuestro juicio evidentes, reprobamos la reelección y su frecuente, cuando no inmediata consecuencia, la imposición, y laboraremos incansablemente hasta lograr, por los medios legales, que una justa rectificación legislativa, o, si se nos permite decirlo, una contra-reforma, rehabilite el texto constitucional en el capítulo que proscriba absolutamente, con todo acierto, lareelección de los presidentes de la República en México.

Es del dominio público, por otra parte, que un considerable número de miembros del Congreso de la Unión y de las legislaturas locales, se muestran en cierto modo arrepentidas de haber llevado a cabo la reforma reeleccionista, cuya supervivencia, según ellos mismos, resulta ahora anómala y sin objeto.

La inmensa mayoría de losreeleccionistas alegaban que solamente circunstancias fortuitas ó inevitables los impelían necesariamente al reeleccionismo, pero que, tanto por razones de principio como por impulsos sentimentales, se asociaban a la tesis contraria, esto es, a la nuestra, que es el antirreeleccionismo, tendencia medular, larga y sangrientamente disputada, de la Revolución.

Es el momento de que los reeleccionistas...
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