Presunto culpable

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  • Publicado : 29 de marzo de 2011
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Miguel Angel Silva/ Todas las situaciones son inexorablemente verdaderas, casi todos los nombres son ficticios; todas las instituciones de justicia son lastimosamente reales.

-¡Cámara hijo, quítate los tenis!
-No traigo nada, me cae que sólo la foto de mi novia- suplicaba Emilio nerviosamente.
Después de recibir una bofetada el individuo, no mucho mayor que él, le ladró con furia contenida:-¡Que te los quites!¡Me cae que si traes lana no te la vas a acabar güey!
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En esa ocasión Emilio llegó a su casa más temprano que de costumbre, eran casi las ocho de la noche. Regresaba de ver a su novia que vivía a unas cuantas cuadras de ahí. Desde la calle le pareció extraño mirar la ventana de su cuarto sin luz interior, “Y ahora que pasaría” pensó, paraeste momento doña Ema, su madre, debería ya estar en casa. Él golpearía ligeramente los cristales y se evitaría la incomodidad de tener que “brincarse” para entrar. Frente a su casa un auto estacionado con un hombre que lo observaba desde el volante.

Emilio subió por la herrería de la ventana. En un minuto se encontró en el comedor. Parado en el umbral de entrada miro hacia uno de los cuartossin puerta que rodeaban el espacio, en uno de ellos vio las caras de Claudia y Roberta iluminadas por la pantalla del televisor, “¿no saben dónde está mi mamá?” preguntó, ellas sólo levantaron los hombros.

Emilio tenía 17 años, y no, no era un ángel. Vivía con dos ancianas que eran muy amigas desde jóvenes: Marina y Luisina. Marina era su abuela paterna pero a las dos se refería como “misabuelitas”. Las mujeres eran dueñas de la casa y habían logrado con mucho esfuerzo abrir una humilde miscelánea con la que iban sorteando los gastos diarios.

Diariamente visitaban la tiendita amigas sexagenarias. Siempre advertían a las abuelas lo necesario quE era realizar un testamento, cosa que molestaba a Emilio porque pensaba que más biuen las amigas lo hacían para que ellas aparecieran comobeneficiarias.

Cuando Luisina murió Emilio no supo qué hacer, la carencia de una figura adulta, no sólo educativa sino físicamente presente lo desesperó. Marinita, como la llamaba de cariño, sólo acertó a proponer, terriblemente consternada “pus avísale a Victor”- su sobrino.

Emilio avisó a Víctor del deceso. Ahora, quizá por los humos del tiempo, a Emilio le parece reconocer a Víctorfrotándose las manos con el rostro enjuto esbozando un gesto de victoria.

Luisina fue enterrada. Marinita invitó a Víctor para que llevara a vivir a su mujer y a su tres hijos bastardos a vivir su casa.

Claudia tenía dieciséis años y Roberta ocho. Después de llegar de la escuela veían las telenovelas de canal 2. Su madre, Lucilla, llegaba hasta muy tarde y siempre se quedaba horas con los taxistasque la iban a dejar. El otro hijo bastardo se llamaba igual que su padre postizo, Víctor. Después de dos años de vivir en casa de Marinita la vida se había hecho insoportable, se habían enseñoreado de todo, la tiendita tuvo que desaparecer y la diabetes de Marinita empeoró llevándola a la muerte.

Asi que Emilio vivía en una casa intestada, con familiares lejanos que siempre le parecieron desangre siniestra, ya sabía él algo de pleitos familiares porque los lucillos, como él los llamaba, habían intentado robar las tierras de sus hermanos.
A unos años de distancia, Emilio concluye: “aquel gesto de indiferencia Claudia y Roberta por la situación que obviamente conocían y que habían orquestado junto a sus padres demostraba una maldad adulta, que comprobé detrás de las rejas cuandodeclaraban mintiendo con una frialdad espantosa”.

Era muy extraño que a esas horas la madre de Emilio no estuviera en casa. Trabajaba lavando trastes en un comedor cercano, siempre llevaba a su hijo “un taco“ de la comida del día, descansaba un poco y después salía rumbo a la casa de su cuñada, donde vivía.

Emilio salió entonces pensando en buscar a su madre, en hacer una llamada; en...
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