¿Qué hacer con los mediocres?

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26/03/08

¿Qué hacer con los mediocres? Antes era neutral, e incluso positiva, pero la ferocidad trepadora de nuestros días nos ha llevado al absurdo de querer ser los mejores en todo, incluso en competir. Se presentó descaradamente, y me puso nerviosa. Estaba sola. Nadie podía darse cuenta. Pero no quise verla, como si fuese la intrusión de un comercial procaz. Tal vez estuvo antes, pero en lazona del reojo, donde tampoco quise verla. Era una pregunta necia, obscena, que no se iba, que exigía atención: ¿Qué hacer con los mediocres? ¿Por qué tantos maestros, jurados, editores, se sienten verdugos descalificándolos? La presión da lugar a desahogos confidenciales, a chismes, a chistes, pero nada más. ¿Por qué es enojoso analizar el problema? ¿Qué tiene de indecente? La medianía fueneutral, luego positiva, después negativa y ahora tabú. La sabiduría antigua desconfiaba de la desmesura, lo desproporcionado, el exceso. Esta desconfianza llegó a convertirse en un elogio de la medianía y la moderación. Aristóteles define la virtud como el justo medio entre dos extremos (Ética nicomaquea, II, 6). Horacio celebra la dorada medianía (Odas, 2, 10). Séneca engrandece el desprecio a lagrandeza: "Es de gran ánimo despreciar las cosas grandes y preferir lo mediano a lo excesivo" (Cartas a Lucilio, 39, traducción de José María Gallegos Rocafull). Todavía a principios del siglo XVII, Montaigne casi lo cita: La grandeza "muestra su altura en preferir las cosas medianas a las eminentes" (Ensayos, III, 13). Por esos años, Covarrubias, en el Tesoro de la lengua castellana o española,anota que medianía: "Se dice de lo que es razonable y puesto en buen medio. Mediocridad es latino, significa lo mismo y úsanle algunos." El desprecio a la moderación es de siglos recientes. Parece surgir con el barroco y su amor al exceso: porque crecer con la Ilustración y el Absolutismo, exaltarse con el Romanticismo y su culto del genio y lo sublime; volverse científico con la eugenesia. Nietzscheproclama la ética del superhombre y condena la compasión cristiana como negación de la vida. "Los débiles y malogrados deben perecer: artículo primero de nuestro amor a los hombres." (El anticristo, 2, traducción de Andrés Sánchez Pascual). El siglo XX industrializó los ataques militares a la población civil, para desanimar a las fuerzas enemigas, y el genocidio contra los indeseables en la propiasociedad, para depurarla y mejorarla. Tanta monstruosidad suscitó un progreso de la conciencia moral. La guerra, por primera vez en la historia, se desprestigió. La soberanía del Estado perdió legitimidad frente a los derechos humanos. El desprecio a las culturas inferiores se volvió inadmisible. Tan inadmisible, que ahora nada se puede considerar inferior. Esta ilimitada extensión del tabúcontradice sus buenas intenciones, porque afirma como valor la negación de todo criterio y diferencia de valor. La mediocridad como tabú tiene que ver con este relativismo. Si nada es inferior, nada se puede descalificar. También tiene que ver con el progreso americanizado. El Tercer Reich y el imperio soviético se hundieron frente al imperio de los Estados Unidos, y sucedió lo mismo con susmitologías. Ante el fracaso del superhombre nazi y el hombre nuevo socialista, ascendió la fanfarria

por el hombre común. Si todo hombre común es un líder en potencia, no puede haber mediocres: sólo etapas en el camino de la superación personal. Hay una paradoja en la cultura del progreso. Aspira a una excelencia cada vez mayor en todas las disciplinas, a una igualdad cada vez mayor de todas laspersonas. Pero ¿cómo reconciliar igualdad y excelencia? La excelencia desiguala. "Si todo en este mundo fuera excelso, nada lo sería" (Diderot, El sobrino de Rameau). Los mitos esconden una contradicción insuperable, y así permiten "superarla" (Lévi-Strauss, Antropología estructural). El mito del progreso oculta su contradicción en la esperanza de tiempos cada vez mejores. Basta con suponer que la...
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