Resumen cap1 mas alla del principio del placer

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  • Publicado : 29 de septiembre de 2010
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El decurso de los procesos anímicos es regulado automáticamente por el principio de placer. Vale decir: creemos que en todos los casos lo pone en marcha una tensión displacentera, y después adopta tal orientación que su resultado final coincide con una disminución de aquella, esto es, con una evitación de displacer o una producción de placer.

Nos hemos resuelto a referir placer y displacer ala cantidad de
excitación presente en la vida anímica -y no ligada de ningún modo- (ver nota(3)), así: el
displacer corresponde a un incremento de esa cantidad, y el placer a una reducción de ella. No
tenemos en mente una relación simple entre la intensidad de tales sensaciones y esas
alteraciones a que las referimos; menos aún -según lo enseñan todas las experiencias de la
psicofisiología-,una proporcionalidad directa; el factor decisivo respecto de la sensación es,
probablemente, la medida del incremento o reducción en un período de tiempo.

Los hechos que nos movieron a creer que el principio de placer rige la vida anímica encuentran
su expresión también en la hipótesis de que el aparato anímico se afana por mantener lo más
baja posible, o al menos constante, la cantidad deexcitación presente en él. Esto equivale a
decir lo mismo, sólo que de otra manera, pues si el trabajo del aparato anímico se empeña en
mantener baja la cantidad de excitación, todo cuanto sea apto para incrementarla se sentirá
como disfuncional, vale decir, displacentero. El principio de placer se deriva del principio de
constancia; en realidad, el principio de constancia(6) se discernió apartir de los hechos que nos
impusieron la hipótesis del principio de placer. Por otra parte, en un análisis más profundizado
descubriremos que este afán, por nosotros supuesto, del aparato anímico se subordina como
caso especial bajo el principio de Fechner de la tendencia a la estabilidad, a la que él refirió las
sensaciones de placer y displacer.

Pero entonces debemos decir que, en verdad,es incorrecto hablar de un imperio del principio
de placer sobre el decurso de los procesos anímicos. Si así fuera, la abrumadora mayoría de
nuestros procesos anímicos tendría que ir acompañada de placer o llevar a él; y la experiencia
más universal refuta enérgicamente esta conclusión. Por tanto, la situación no puede ser sino
esta: en el alma existe una fuerte tendencia al principio deplacer, pero ciertas otras fuerzas o
constelaciones la contrarían, de suerte que el resultado final no siempre puede corresponder a
la tendencia al placer.

El primer caso de una tal inhibición del principio de placer nos es familiar; tiene el carácter de
una ley (gesetzmüssig}. Sabemos que el principio de placer es propio de un modo de trabajo
primario del aparato anímico, desde el comienzo mismoinutilizable, y aun peligroso en alto
grado, para la autopreservación del organismo en medio de las dificultades del mundo exterior.
Bajo el influjo de las pulsiones de autoconservación del yo, es relevado por el principio de
realidad (ver nota(7)), que, sin resignar el propósito de una ganancia final de placer, exige y
consigue posponer la satisfacción, renunciar a diversas posibilidades delograrla y tolerar
provisionalmente el displacer en el largo rodeo hacia el placer. Ahora bien, el principio de placer
sigue siendo todavía por largo tiempo el modo de trabajo de las pulsiones sexuales, difíciles de
«educar»; y sucede una y otra vez que, sea desde estas últimas, sea en el interior del mismo
yo, prevalece sobre el principio de realidad en detrimento del organismo en suconjunto.

Es indudable, no obstante, que el relevo del principio de placer por el principio de realidad puede
ser responsabilizado sólo de una pequeña parte, y no la más intensa, de las experiencias de
displacer. Otra fuente del desprendimiento de displacer, no menos sujeta a ley, surge de los
conflictos y escisiones producidos en el aparato anímico mientras el yo recorre su desarrollo
hacia...
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