Sobre los autógrafos fragmentados

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  • Publicado : 16 de junio de 2011
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Antes me consideraba un cazador de autógrafos. Asistía a eventos y cocteles para solicitar a los escritores que me firmaran la primera página de un libro. Entonces venía la pregunta del ¿Cómo te llamas?, y una dedicatoria taquigrafiada en letra de médico somnoliento. Si la caza no era una acción solitaria, sino grupal, la desilusión se presentaba rápido. Las dedicatorias iguales, las firmascansinas idénticas. Ahora, casi no cazo autógrafos aunque lo hago de vez en cuando para (en tiempo libre) revisar lo que me escriben. Así que reviso algunas. Tengo un tachón en “historia secreta de Costaguana” que aún me pregunto de qué se trata; un par de rayones tras la portada de “por favor rebobinar” en las que Fuguet me inscribe oficialmente como parte de la “hermandad cósmica” y un calurosomensaje de Ramón Illán Bacca en el que me invita a seguir hablando por medios electrónicos. No me gustan los autógrafos donde pareciera que el autor te hubiera regalado el libro (al final lo compré con mi dinero ¿no?); son justamente los amigables, los personalizados los que me agradan: los que me hablan a mí como persona. Hace poco obtuve uno de ellos. Y eso le dio mucho más valor a mi nuevo libro:“Turismo Orgánico” de Andrea Rozo.

“Turismo Orgánico” es un libro no convencional. Uno de esos textos que funcionan como ejemplo para contradecir a quienes creen que con la novela no se puede ser novedoso y para los efectistas que se escampan en la acción. Me explico. El elemento que más sobresale en el texto es el manejo del lenguaje. Similar a los textos de Lobo Antunes, la acción se desplaza aun segundo lugar para subrayar el manejo con las palabras. Es así que la novela se arma como un texto corto que no sobresale por su extensión, sino por su intensidad. Es interesante ver, por ejemplo, una considerable reducción en el uso de los adjetivos y las metáforas puntuales que buscan mostrar, en lugar de complementar. El hecho de que la acción sea relegada a un segundo lugar, hace que eltexto sea difícil de leer. En un mundo editorial lleno de libros en los que lo actancial lleva la mayor parte (cosa que, me parece, va más hacia lo cinematográfico y deja a un lado la herramienta de la literatura: la palabra) enfrentar la sobrecarga de imágenes simbólicas, juegos de palabras, desplazamientos entre oral - escrito y una estructura que tiende a lo caótico, dificulta entender los nivelesy le asegura a la escritora un número pequeño de lectores dispuestos. Pero vale la pena hablar de cada uno de estos elementos. Básicamente, el libro está armado desde lo simbólico. Dicho simbolismo tiene como sustrato el nivel de interpretaciones que, desde el paralelo cuerpo-vivencia, puede dar pie a una lectura psicoanalítica. La importancia de un cuerpo fragmentado que se subraya (lo queconlleva una palabra fragmentada y una novela fragmentada) se presenta desde las primeras líneas. El desarrollo de la novela conllevará subrayar y mostrar diferentes aristas de dicha fragmentación; es así como la propuesta de lectura se desarrolla desde una “situación” inicial clarificada, la cual se complejiza al mostrarse desde diferentes personajes (eso explica la aparición tardía de personajes comola hermana y la madre). Hablando un poco sobre los juegos de palabra, es necesario anotar que dichos juegos no sólo se remiten a combinación entre palabras y letras, o cambios desde lo fonético. La escritora bogotana presenta una novela que propone el juego (el ludens) como un elemento desde el cual es posible armar la literatura. El juego es una combinación entre situaciones adolescentes condiálogos divertidos e irónicos, y un trasfondo que plantea problemas de fondo que bien podrían denominarse “existencialistas”. El juego no se presenta sólo en la historia, es un insertar al lector en el libro y proponer una lectura individual. Uno de estos juegos –por ejemplo- se relaciona de manera directa con el lenguaje. Hay tres claros momentos: el lenguaje del narrador, el de los diálogos...
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