The gates of delyrium

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The Gates of Delyrium

El juez se acomodó la peluca desarreglada en el momento de dictar sentencia. Se ordenó la golilla de blonda y estiró su cuello con gran dignidad. La luz rojiza del crepúsculo penetraba hiriente por unos ventanales inmensamente sucios y apenas cubiertos por pesados tapices de terciopelo púrpura. Aclarándose la garganta, carraspeó su señoría y, al hacerlo,escupió pequeñas gotas de saliva que flotaron en el aire durante un instante. La turba enfurecida que atropelladamente había invadido la sala amenazaba ahora a los miembros del tribunal.

La sala del tribunal, estrecha y larga, trepidaba con los ladridos de una morralla confusa que gesticulaba enfurecida; entre vapores revulsivos y salivas en el aire infecto, reclamaba, más que justicia,venganza. En aquel antro todos esperaban ansiosos una condena ejemplar. Una justicia ejemplar. Pedían la muerte. Exigían una muerte ejemplar.

El mazo golpeó una, dos y hasta cinco veces sobre la mesa. Todos hicieron silencio y abrieron los oídos expectantes. Los ojillos del juez recorrieron la sala escrutadores y, tras asegurarse de que se mantendría un silencio sepulcral, pasó lectura a lasentencia.

“Se encuentra a la rea culpable de todos y cada uno de los horribles crímenes que se le imputan”. Las hordas prorrumpen en un grito de alegría. Pero el juez reclamó de nuevo orden. Sabía de antemano que lo que venía a continuación no era del agrado de muchos.

“Se condena en Nombre del Santísimo Espíritu de Cristo, del Rey de Polonia y del Príncipe de Hungría a la rea, princesa dePolonia, condesa de Bathory, Erzebeth Nadasky, a ser emparedada viva en el castillo de Nadasky, del que todavía es señora”. El público horadó el silencio con un bramido como una detonación reclamando la muerte indefectible de la que llamaban “condesa sangrienta”. “¡ La muerte! ¡La muerte!” Nuevamente, el juez perdió la paciencia, y el mazo golpeaba con virulencia contra la mesa; ante laamenaza de que se ordenase entrar a la guarnición establecida a las puertas, todos, poco a poco, fueron enmudeciendo.

“Siguiendo los preceptos de Su Real Majestad, establecidos según la altísima condición de sus súbditos más sobresalientes, ningún miembro de la nobleza húngara podrá ser condenado a muerte vil. Por ello, _quiso el juez ajustarse a las ávidas voluntades_ se le condenará a algo aúnpeor y más cruel que la propia muerte. Se darán las instrucciones necesarias para, aunque emparedada entre los gruesos muros de su castillo, sea mantenida con vida hasta que en su postrer momento se arrepienta de sus horrendos crímenes y Dios se la lleve al Infierno”.

Nadie reaccionó. Sabían que nadie podría ni sospechar semejante sufrimiento. Enterrada viva, ¡y mantenida, a la fuerza,viva!, entre los muros de Nadasky, hasta que la muerte la reclamase...

Se cerraron los enormes cortinajes bermellones y la turba abandonó la sala de justicia en medio de un enorme silencio.

Había pasado ya algún tiempo de aquello que nadie deseaba recordar. Sebastián había crecido lo suficiente para cargar la cesta con las gachas y un poco de agua y recorrer diligentemente los recovecos delcastillo hasta la gatera. Era algo que le habían enseñado, y él era un muchacho espabilado. Se había criado entre las piedras del castillo, viendo a sus padres cuidar la tierra intramuros, velando las caballerías y por las cosas de sus amos. Le gustaba mucho perderse entre las almenas, ya que, alzado en lo alto de un otero, el castillo se prestaba a ser la atalaya perfecta hacia la lontananza delpáramo. Soñaba con que algún día escaparía de allí, hacia el horizonte, y volvería trayéndole a su madre glorias, aventuras y tesoros que nadie había descubierto antes. A veces, las más de las veces, había poco que hacer allí, y se entretenía en perder el tiempo con cualquier cosa, cerca de su madre. Lo que más le gustaba era rezar a la hora del ángelus, porque se reunían los tres. Era de las pocas...
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