Tratado de los delitos y de las penas

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  • Publicado : 10 de octubre de 2010
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PRÓLOGO DEL AUTOR
Estas leyes, heces de los siglos más barbaros se han examinado en éste libro, por la parte que corresponde al sistema criminal, y cuyos desórdenes se intenta exponer a los directores de la felicidad pública con un estilo que espanta al vulgo no iluminado e impaciente.
Tres son los manantiales de donde se derivan los principios morales y políticos reguladores de los hombres. Larevelación, la ley natural y los pactos establecidos de la sociedad.
Estas tres clases no deben jamás tener contradicción entre sí, pero no del mismo modo, en todas las consecuencias y obligaciones que resulten de las otras. No todo lo que pide la revelación lo pide la ley natural, ni todo lo que ésta pide lo pide la pura ley social, siendo importantísimo separar lo que resulta de los pactostácitos expresos de los hombres; que los límites de aquella fuerza son tales, que pueden ejercitarse legítimamente entre hombre y hombre, sin una especial misión del ser supremo. Así, pues, la idea de la virtud política puede sin defecto llamarse variable. La que resulta de la virtud natural sería siempre limpia y manifiesta si las pasiones o la flaqueza de los hombres no la oscureciesen; pero ladimana de la virtud religiosa es siempre una inconstante, porque revelada de Dios inmediatamente está conservada por el mismo.
INTRODUCCIÓN
Abandonan los hombres casi siempre las reglas más importantes a la prudencia de un momento o a la discreción de aquellos cuyo interés consiste en oponerse a las leyes más próvidas.
Las verdades más palpables desaparecen fácilmente por su simplicidad, sin llegara ser comprendidas de los entendimientos comunes.
Las historias nos enseñan que debiendo ser las leyes pactos considerados de hombres libres, han sido pactos casuales de una necesidad pasajera: que debiendo ser dictadas por un desapasionado examinador de la naturaleza humana han sido instrumento de las pasiones de pocos.
Conocemos ya las verdaderas relaciones entre el soberano y los súbitos, ylas que tienen entre sí recíprocamente las naciones. El comercio animado a la vista de las verdades filosóficas, comunicadas por medio de la imprenta, ha encendido entre las mismas naciones una tácita guerra de industrias, la más humana y digna de hombres racionales. Estos son los frutos que se cogen a la luz de éste siglo, pero muy pocos han examinado y combatido la crueldad de las penas y lairregularidad de los procedimientos criminales, parte de legislación tan principal y tan descuidada en casi toda Europa.
El inmortal presidente Montesquieu ha pasado rápidamente sobre esta materia. La verdad indivisible me fuerza a seguir las trazas luminosas de este gran hombre; pero los ingenios contemplativos para quien escribo sabrán distinguir mis pasos de los suyos. Dichoso yo, si pudiese comoél obtener las gracias secretas de los retirados pacíficos secuaces de la razón y si pudiesen inspirar aquella dulce conmoción que con las almas sensibles responden a quien sostiene los intereses de la humanidad.
Éste sería tal vez el momento de examinar y distinguir las diferentes especies de delitos, como también el modo de castigarlos; pero la muchedumbre, la variedad de los crímenes, segúnlas diferentes circunstancias de tiempos y lugares, nos echarían en un detalle inmenso y fatigante. Por consiguiente me contentare con indicar los principios más generales, las faltas más comunes y errores más funestos, evitando igualmente los excesos de los que, por un amor malentendido de la libertad, tratan de introducir la anarquía como también los de aquellos que quisieran someter a loshombres a la regularidad de un claustro.
CAPÍTULO I
ORIGEN DE LAS PENAS
Las leyes son las condiciones con las que los hombres vagos e independientes se unieron en sociedad cansados de vivir en un continuo estado de guerra y de gozar de una libertad que les era inútil en la incertidumbre de conservarla. Sacrificaron por eso una parte de ella para gozar la restante en segura tranquilidad. El...
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