Una fábrica de monstruos educadísimos

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Una fábrica de monstruos educadísimos
Viktor Frankl (Viena, 1905-1997)
"Estoy -me escribe un muchacho- hasta las narices de la educación del palo y del
miedo. Para mí, la educación que carece delo esencial no es educación, sino un
sistema de esclavos. Si la educación no sirve para ayudarnos a ser libres y personas
felices, que se vaya a hacer puñetas."
Con su aire de pataleta infantil,este muchacho tiene muchísima razón. Y es evidente
que algo no funciona en la educación que suele darse cuando tanta gente abomina de
ella.
Hay en mi vida algo que difícilmente olvidaré. En 1948,siendo yo casi un chiquillo, tuve
la fortuna-desgracia de visitar el campo de concentración de Dachau. Entonces apenas
se hablaba de estos campos, que acababan de "descubrirse", recién finalizada laguerra
mundial. Ahora todos los hemos visto en mil películas de cine y televisión. Pero en
aquellos tiempos un descubrimiento de aquella categoría podía destrozar los nervios de
un muchacho. Estuve,efectivamente, varios días sin poder dormir. Pero más que todos
aquellos horrores me impresionó algo que por aquellos días leí, escrito por una antigua
residente del campo, maestra de escuela.Comentaba que aquellas cámaras de gas habían sido construidas por ingenieros
especialistas. Que las inyecciones letales las ponían médicos o enfermeros titulados.
Que niños recién nacidos eran asfixiadospor asistentes sanitarias competentísimas.
Que mujeres y niños habían sido fusilados por gentes con estudios, por doctores y
licenciados. Y concluía: "Desde que me di cuenta de esto, sospecho de laeducación
que estamos impartiendo."
Efectivamente: hechos como los campos de concentración y otros
muchos hechos que siguen produciéndose obligan a pensar que la educación no hace
descender losgrados de barbarie de la Humanidad. Que pueden existir monstruos
educadísimos. Que un título ni garantiza la felicidad del que lo posee ni la piedad de sus
actos. Que no es absolutamente cierto que...
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