Vidas desperdiciadas. bauman

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Zygmunt Bauman

Vidas desperdiciadas
La modernidad y sus parias

# ) PAIDÓS
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Aires • Barcelona Buenos Aires • Barcelona •. México

PA1DÓS ESTADO Y SOCIEDAD
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oriosidad a lo largo de los siglos. Más que ninguna otra cosa, omitirán el vínculo entre belleza y eternidad, entre valor estético y durabilidad. Por furiosas quefuesen sus disputas, todos los filósofos solían coincidir antaño (fíjense: ¡en el pasado!) en que la belleza se alza por encima de los veleidosos y frágiles caprichos privados y que, incluso si pudiera haber «belleza a primera

Cultura de residuos

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vista», el fluir del tiempo sería el encargado de someterla a la única prueba fiable, última y definitiva. Los filósofos actuales prescindirán,asimismo, de la «pretensión de validez universal» que solía verse corno un atributo indispensable de cualquier juicio estético genuino. Son esos dos atributos los que se quedaron en el camino con el advenimiento de la «cultura de casino» y los que brillan por su ausencia en los usos populares actuales de la palabra «belleza». El mercado de consumo y el patrón de conducta que requiere y cultiva seadaptan a la líquida «cultura de casino» moderna, que, a su vez, se adapta a las presiones y seducciones de ese mercado. Ambos concuerdan bien; se alimentan y se refuerzan mutuamente. Para no malgastar el tiempo de sus clientes, ni condicionar o adelantarse a sus goces futuros aunque impredecibles, los mercados de consumo ofrecen productos destinados al consumo inmediato, preferiblemente de unsolo uso, de rápida eliminación y sustitución, de suerte que los espacios vitales no queden desordenados una vez que pasen de moda los objetos hoy admirados y codiciados. Los clientes, confundidos por el torbellino de la moda, por la increíble variedad de ofertas y por el ritmo vertiginoso de sus cambios, ya no pueden confiar en ser capaces de aprender y memorizar y, por consiguiente, deben aceptar(y así lo hacen, agradecidos) las promesas tranquilizadoras de que el producto que hoy se ofrece es «justo lo que buscan», «la bomba», «lo imprescindible» y aquello «en lo que o con lo que tienen que ser vistos». .El valor estético «objetivo», imperecedero o universal del producto es lo último por lo que preocuparse. Pero tampoco depende todo del color del cristal con que se mira. Antes bien, labelleza se localiza en la moda de hoy, por lo que lo bello está destinado a volverse feo en el momento en que se reemplace la moda actual, como ocurrirá pronto sin duda. De no ser por la maravillosa capacidad que tiene el mercado para imponer un patrón regular, aunque efímero, en las elecciones de los clientes, aparentemente individuales y, por ende, potencialmente azarosas y difusas, los clientesse sentirían totalmente desorientados y perdidos. El gusto ya no es una guía segura; aprender y confiar en el conocimiento ya adquirido resulta una trampa más que una ayuda; el comme iffaut de ayer bien puede transformarse sin previo aviso en el comme il nefantpas.

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Vidas desperdiciadas

«La belleza impera», observa Yves Míchaud en su mordaz informe sobre el estado de las artes en ellíquido mundo moderno. «En todos los sentidos se ha convertido en un imperativo: sé bello o, cuando menos, ahórranos tu fealdad.»23 Ser feo implica estar condenado al vertedero. Y, a la inversa, el hecho de haber sido condenado al cubo de la basura es toda la prueba de su fealdad que unq necesita. ¿Acaso no era.el «imperio de la belleza» aquello con lo que siempre soñaron los artistas modernos ylos doctos filósofos de la estética que reflexionaban sobre sus obras? ¿A qué estamos asistiendo por lo tanto: al triunfo final de lo bello? ¿A la culminación de, al menos, uno de los muchos «proyectos modernos» ambiciosos? N o es así, diría Míchaud. De hecho, ha triunfado la estética, pero sobre su propio objeto... La estética venció haciendo superfluas las obras de arte («preciosas y raras»,...
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