Voltaire - cartas filosoficas

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Voltaire Cartas filosóficas

ÍNDICE
Primera Carta: Sobre los cuáqueros Segunda Carta: Sobre los cuáqueros Tercera Carta: Sobre los cuáqueros Cuarta Carta: Sobre los cuáqueros Quinta Carta: Sobre la religión anglicana Sexta Carta: Sobre los presbiterianos Séptima Carta: Sobre los socinianos, o arrianos, o antitrinitarios Octava Carta: Sobre el Parlamento Novena Carta: Sobre el gobierno DécimaCarta: Sobre el comercio Undécima Carta: Sobre la inserción de la viruela Duodécima Carta: Sobre el canciller Bacon Décimotercera Carta: Sobre el Sr. Locke Primer Apéndice a la Carta XIII: Carta sobre el alma y el Sr. Locke Segundo Apéndice a la Carta XIII: Continuación del mismo tema Décimocuarta Carta: Sobre Descartes y Newton Décimoquinta Carta: Sobre el sistema de la atracción DécimosextaCarta: Sobre la óptica del Sr. Newton Decimoséptima Carta: Sobre el infinito y sobre la cronología Decimoctava Carta: Sobre la tragedia Decimonovena Carta: Sobre la comedia Vigésima Carta: Sobre los señores que cultivan las letras Vigésimo Primera Carta: Sobre el conde de Rochester y el Sr. Waller Vigésimo Segunda Carta: Sobre el Sr. Pope y algunos otros poetas famosos Vigésimo Tercera Carta: Sobre laconsideración debida a las gentes de letras Vigésimo Cuarta Carta: Sobre las Academias Vigésimo Quinta Carta: Sobre los Pensamientos del Sr. Pascal. Apéndice I: Suplemento a las acotaciones sobre los Pensamientos de Pascal Apéndice II: Últimas acotaciones a los Pensamientos de Pascal

PRIMERA CARTA SOBRE LOS CUÁQUEROS He creído que la doctrina y la historia de un pueblo tan extraordinariomerecerían la curiosidad de un hombre razonable. Para instruirme, he ido a encontrar a uno de los más célebres cuáqueros de Inglaterra, quien, después de haber estado treinta años en el comercio, había sabido poner límites a su fortuna y a sus deseos, y se había retirado a un lugar en el campo cerca de Londres. Fui a buscarle a su retiro; era una casa pequeña, pero bien construida, llena de limpiezasin ornamento. El cuáquero era un viejo vigoroso que nunca había estado enfermo, porque jamás había conocido las pasiones ni la intemperancia: nunca en mi vida he visto un aire más noble ni más atractivo que el suyo. Estaba vestido, como todos los de su religión, de un traje sin pliegues a los lados y sin botones sobre los bolsillos ni en las mangas, y llevaba un gran sombrero de alas abatidas,como nuestros eclesiásticos; me recibió con el sombrero en la cabeza, y avanzó hacia mí sin la menor inclinación de su cuerpo; pero había más cortesía en el aire abierto y humano de su rostro que la que hay en el uso de echar una pierna tras la otra y llevar en la mano lo que está hecho para cubrir la cabeza. «Amigo, me dijo, veo que eres un extranjero; si puedo serte de alguna utilidad no tienes másque hablar. —Señor, le dije, inclinando el cuerpo y deslizando un pie hacia él, según nuestra costumbre, me honro en suponer que mi justa curiosidad no os desagradará, y que querréis hacerme el honor de instruirme en vuestra religión. —Las gentes de tu país, me respondió, hacen demasiados cumplidos y reverencias; pero no he visto todavía ninguno que tenga la misma curiosidad que tú. Entra, ycenemos juntos primero.» Hice todavía algunos malos cumplidos, porque no se deshace uno de sus costumbres de repente; y, tras una comida sana y frugal, que comenzó y acabó con una oración a Dios, me puse a interrogar a mi hombre. Comencé por la pregunta que los buenos católicos han hecho más de una vez a los hugonotes: «Mi querido señor, le dije, ¿está usted bautizado? —No, me respondió el cuáquero, ymis cofrades tampoco lo están. —¿Cómo, pardiez, proseguí yo, no sois acaso cristianos? —Hijo mío, repuso con tono dulce, no jures; somos cristianos e intentamos ser buenos cristianos pero no creemos que el cristianismo consista en echar agua fría sobre la cabeza con un poco de sal. — ¡Eh, voto a bríos! , proseguí yo, molesto por esta impiedad, ¿habéis pues olvidado que Jesucristo fue bautizado...
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