Algo va mal

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Introducción
Guía para perplejos

No puedo evitar temer que los hombres lleguen a un punto en el que cada teoría
les parezca un peligro, cada innovación un laborioso problema, cada avance social un primer paso hacia
una revolución, y que se nieguen completamente a moverse.
Alexis de Tocqueville
Hay algo profundamente erróneo en la forma en que vivimos hoy. Durante treinta años hemoshecho una virtud de la búsqueda del beneficio material: de hecho, esta búsqueda es todo lo que queda de nuestro
sentido de un propósito colectivo. Sabemos qué cues- tan las cosas, pero no tenemos idea de lo que valen. Ya no nos preguntamos sobre un acto legislativo o un pronunciamiento judicial: ¿es legítimo? ¿Es ecuánime?
¿Es justo? ¿Es correcto? ¿Va a contribuir a mejorar lasociedad o el mundo? Éstos solían ser los interrogantes políticos, incluso si sus respuestas no eran fáciles. Te- nemos que volver a aprender a plantearlos.
El estilo materialista y egoísta de la vida contemporá- nea no es inherente a la condición humana. Gran parte de lo que hoy nos parece «natural» data de la década de 1980: la obsesión por la creación de riqueza, el culto a laprivatización y el sector privado, las crecientes diferen- cias entre ricos y pobres. Y, sobre todo, la retórica que los acompaña: una admiración acrítica por los mercados no

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Algo va mal

regulados, el desprecio por el sector público, la ilusión del crecimiento infinito.
No podemos seguir viviendo así. El pequeño crac de 2008 fue un recordatorio de que el capitalismo no regulado es elpeor enemigo de sí mismo: más pronto o más tarde está abocado a ser presa de sus propios exce- sos y a volver a acudir al Estado para que lo rescate. Pero si todo lo que hacemos es recoger los pedazos y seguir como antes, nos aguardan crisis mayores duran- te los años venideros.
Sin embargo, parecemos incapaces de imaginar al- ternativas. Esto también es algo nuevo. Hasta hace muy poco, lavida pública en las sociedades liberales se desa- rrollaba a la sombra de un debate entre los defensores del «capitalismo» y sus críticos, normalmente identifi- cados con una u otra forma de «socialismo». En la déca- da de 1970 este debate había perdido buena parte de su significado por ambas partes, pero, en cualquier caso, la distinción «izquierda-derecha» resultaba útil. Consti- tuía unmarco en el que situar los comentarios críticos sobre los asuntos contemporáneos.
En la izquierda, el marxismo fue atractivo para suce- sivas generaciones de jóvenes, aunque sólo fuera porque ofrecía una forma de distanciarse del statu quo. Prácti- camente lo mismo se puede decir del conservadurismo clásico: una fundada aversión al cambio precipitado constituyó el punto de encuentro para losrenuentes a abandonar los usos establecidos. Hoy, ni la izquierda ni la derecha tienen en qué apoyarse.
Llevo treinta años oyendo decir a los estudiantes:
«Para ustedes fue fácil: su generación tenía ideales e ideas, creía en algo, podía cambiar las cosas». Nosotros (los hijos de los ochenta, los noventa, del 2000) no tene-

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mos nada. En muchos sentidosmis alumnos están en lo cierto. Para nosotros fue fácil —lo mismo que fue fácil, al menos en este sentido, para las generaciones anteriores a la nuestra—. La última vez que una cohorte de jóvenes expresó una frustración comparable ante la vaciedad de sus vidas y la desalentadora falta de sentido de su mundo fue en la década de 1920: no es casual que los historiado- res hablen de la «generaciónperdida».
Si los jóvenes de hoy están desorientados no es por falta de objetivos. Una conversación con estudiantes o escolares produce una asombrosa lista de ansiedades. De hecho, la nueva generación siente una honda preo- cupación por el mundo que va a heredar. Pero esos te- mores van acompañados de una sensación general de frustración: nosotros sabemos que algo está mal y hay muchas...
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