Bajo la acacia

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Christian Jacq

Bajo La Acacia De Occidente
Los rayos del sol poniente cubrían de oro celeste la fachada de los templos de Piamses, la capital que Ramses el Grande había hecho construir en el Delta. La ciudad de turquesa, denominada de ese modo por el color de las tejas barnizadas que adornaban la fachada de las mansiones, encarnaba la riqueza, el poder y la belleza. Era agradable vivir allí,pero aquella noche Serramanna, el gigante sardo, no disfrutaba de la suavidad del aire ni de la ternura de un cielo que se teñia de rosa. Tocado con un casco adornado con cuernos, con la espada al costado, el bigote rizado, el antiguo pirata, convertido en jefe de la guardia personal de Ramses, galopaba de muy mal humor hacia la ciudad del príncipe hitita Uri-Techup, en arresto domiciliario desdehacia varios años. Uri-Techup, hijo destronado del emperador del Hatti, Muwattali, enemigo jurado de Ramses. Uri-Techup, que había asesinado a su propio padre para ocupar su lugar. Pero había sido menos astuto que Hattusil, el hermano del emperador. Cuando Uri-Techup creía tener el país en sus manos, Hattusil se había apoderado del trono, obligando a su rival a que se diera a la fuga, organizadaconvenientemente por el diplomático Acha, amigo de infancia de Ramses. Serramanna sonrió. EI implacable guerrero anatolio en fuga! En el colmo de la ironía, había sido Ramses, el hombre al que Uri-Techup odiaba más en el mundo, quien le había concedido asilo político, a cambio de informaciones sobre las tropas hititas y su armamento. Cuando en el año 2I del reinado de Ramses, y ante la sorpresa deambos pueblos, Egipto y el Hatti habían firmado un tratado de paz y de ayuda mutua en caso de agresión exterior, Uri-Techup creyó que su última hora había llegado. No era acaso la victima expiatoria por excelencia y un perfecto regalo ofrecido por Ramses a Hattusil para sellar su entendimiento? Pero por respeto al derecho de asilo, el faraón se había negado a extraditar a su huésped. Ahora,Uri-Techup no contaba ya. Y a Serramanna no le gustaba en absoluto la misión que Ramses le había confiado. La mansión del hitita se hallaba en el lindero norte de la ciudad, en el centro de un palmeral; al menos habría gozado de una existencia lujosa en esa tierra de faraones que tanto había deseado destruir. Serramanna admiraba a Ramses y le seria fiel hasta el final; así pues, ejecutaría la terribleorden que el rey le había dado, pero a regañadientes. A la entrada de la mansión había dos policías, elegidos por Serramanna, armados con puñales y bastones. -Sin novedad? -Nada, jefe. El hitita duerme la mona en el jardín, junto al estanque. El gigante sardo cruzo el umbral de la propiedad y, con apresuradas zancadas, tomo la arenosa avenida que llevaba al estanque. Tres policías mas vigilabanpermanentemente

Christian Jacq

Bajo La Acacia De Occidente

al ex general en jefe del ejercito hitita, que se pasaba el tiempo comiendo, bebiendo, nadando y durmiendo. Unas golondrinas jugaban en el cielo, una abubilla rozo el hombro de Serramanna. Con las mandíbulas crispadas, prietos los puños, maligna la mirada, se preparaba para actuar. Por primera vez lamentaba estar al servicio deRamses. Como una fiera venteando la proximidad del peligro, Uri-Techup despertó antes de oír los pesados pasos del gigante. Grande, musculoso, Uri-Techup llevaba los cabellos largos; en su torso resaltaba un bosque de vello rojo. Ignorando el frió, incluso durante el invierno anatolio, no había perdido ni una pizca de su fuerza. Tendido en las losas que bordeaban el estanque, con los ojos entornados,el hitita vio acercarse al jefe de la guardia personal de Ramses el Grande y comprendió que había llegado la hora. Tras la firma del monstruoso tratado de paz entre Egipto y el Hatti, Uri-Techup ya no se sentía seguro. Había pensado en más de una ocasión en evadirse, pero los hombres de Serramanna no le habían dado la oportunidad. Si hubiera escapado a la extradición habría sido degollado como...
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