Cambiando la historia.

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Cambiando la historia
Los hermanos Grimm: Jacob Karl Grimm y Wilhelm Grimm
La liebre y el erizo
Tenéis que saber, muchachos, que esta historia, aunque se cuente de mentirijillas, es totalmente verdadera, pues mi abuelo, que me la contó a mí, siempre decía: «Ha de ser cierta, hijo mío, pues de lo contrario no podría contarse». Y así fue como ocurrió:
Sucedió un domingo de otoño por lamañana, precisamente cuando florecía el alforfón. El sol brillaba en el cielo, el viento mañanero soplaba cálido sobre los rastrojos, las alondras cantaban en los campos, las abejas zumbaban sobre la alfalfa y la gente iba a oír misa vestida con el traje de los domingos. Todas las criaturas se sentían gozosas y también, por supuesto, el erizo.
El erizo estaba en la puerta de su casa, mirando al cielodistraídamente mientras tarareaba una cancioncilla, tan bien o tan mal como suele hacerlo cualquier erizo un domingo por la mañana, cuando se le ocurrió de repente que, mientras su mujer vestía a los niños, podía dar un pequeño paseo por los sembrados, para ver cómo iban sus nabos. El sembrado estaba muy cerca de su casa y toda la familia comía de sus nabos con frecuencia; por eso los considerabade su propiedad. Y, en efecto, el erizo se dirigió al sembrado.
No muy lejos de su casa, cuando se disponía a rodear el soto de endrinos que cercaba el campo para llegar hasta sus nabos, le salió al paso la liebre, que iba ocupada en parecidos asuntos: ella iba a ver cómo estaban sus coles.
Cuando el erizo vio a la liebre le deseó amablemente muy buenos días. Pero la liebre, que era a su modotoda una señora, llena de exagerada arrogancia, en vez de devolverle el saludo le preguntó, haciendo una mueca, con profundo sarcasmo:
-¿Cómo es que andas tan de mañana por los sembrados?
-Voy de paseo -respondió el erizo.
-¿De paseo, eh? -exclamó la liebre, rompiendo a reír-. A mí me parece que podrías utilizar tus piernas con más provecho.
Tal respuesta indignó enormemente al erizo, quelo toleraba todo excepto las observaciones sobre sus piernas, porque era patizambo por naturaleza.
-¿Acaso te imaginas -replicó el erizo- que las tuyas son mejores en algo?
-Eso pienso -dijo la liebre.
-Hagamos una prueba -propuso el erizo-; te apuesto lo que quieras a que te gano una carrera.
-¡No me hagas reír! ¡Tú, con tus piernas torcidas! -dijo la liebre-; pero si tantas ganas tienes,por mí que no sea. ¿Qué apostamos?
-Una moneda de oro y una botella de aguardiente -propuso el erizo-. Pero aún estoy en ayunas; quiero ir antes a casa y desayunar un poco; regresaré en media hora.
Y el erizo se fue, pues la liebre se mostró conforme. Por el camino iba pensando el erizo: «La liebre confía mucho en sus largas piernas, pero yo le daré su merecido. Es, ciertamente, toda unaseñora, pero no por eso deja de ser una estúpida; me las pagará». Cuando llegó a su casa dijo a su mujer:
-Mujer, vístete ahora mismo; tienes que venir conmigo al campo.
-¿Qué ocurre? -preguntó la mujer.
-He apostado con la liebre una moneda de oro y una botella de aguardiente; vamos a hacer una carrera a ver quién gana, y necesito que estés presente.
-¡Oh, Dios mío! -comenzó a gritar la mujerdel erizo-. ¿Eres un idiota? ¿Perdiste la razón? ¿Cómo pretendes ganar una carrera a la liebre?
-¡Calla mujer -dijo el erizo-, eso es cosa mía! No te metas en cosas de hombres. Andando, vístete y ven conmigo.
¿Y qué otra cosa podía hacer la mujer del erizo? Quisiera o no, tuvo que obedecer.
Por el camino dijo el erizo a su mujer:
-Y ahora pon atención a lo que te voy a decir. Mira, en eselargo sembrado que hay allí vamos a correr. La liebre correrá por un surco y yo por otro, y empezaremos desde allá arriba. Lo único que tienes que hacer es quedarte aquí abajo en el surco, y cuando la liebre se acerque desde el otro lado, le sales al encuentro y le dices: «Ya estoy aquí».
Y estando en estas charlas llegaron al sembrado. El erizo señaló a la mujer su puesto y se fue al otro...
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