Carta encíclica “pascendi dominici gregis“

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  • Publicado : 12 de diciembre de 2010
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Carta Encíclica “Pascendi Dominici Gregis“
Documentos del Magisterio de la Iglesia En vísperas ya de los 100 años de la encíclica que sistematizó y condenó las doctrinas modernistas, reeditamos el texto en versión unificada para comodidad de nuestros lectores.

(8 de septiembre de 1907) A LOS PATRIARCAS, PRIMADOS, ARZOBISPOS, OBISPOS Y OTROS ORDINARIOS DE LUGAR EN PAZ Y COMUNIÓN CON LA SILLAAPOSTÓLICA, ACERCA DE LAS DOCTRINAS DE LOS MODERNISTAS PIUS PP. X Venerables Hermanos: Salud y bendición apostólica 1. Deber primero de Nuestro oficio. No podemos callar. Al oficio de apacentar la grey del Señor que Nos ha sido confiada de lo alto, Jesucristo señaló como primer deber el de guardar con suma vigilancia el depósito tradicional de la santa Fe, tanto contra las novedades profanas dellenguaje como contra la oposición de una falsa ciencia. Seguramente que no ha existido época en la que no haya sido necesaria a la grey cristiana esa vigilancia de su Pastor supremo… porque jamás han faltado, suscitados por el enemigo del género humano, hombres de lenguaje perverso,(1) de vanos discursos y seductores,(2) que yerran y que inducen al error.(3) Pero es preciso reconocerlo: en estosúltimos tiempos ha crecido extrañamente el número de los enemigos de la cruz de Cristo, los cuales con artes enteramente nuevas y llenos de perfidia se esfuerzan por aniquilar las energías vitales de la Iglesia, y hasta por destruir de alto a bajo, si les fuera posible, el imperio de Jesucristo. Guardar silencio no es ya decoroso, si no queremos aparecer infieles al más sacrosanto de Nuestros deberes,y si la bondad de que hasta aquí hemos hecho uso, con esperanza de enmienda, no ha de ser censurada ya como un olvido de Nuestro ministerio. Lo que sobre todo exige de Nos que rompamos sin dilación el silencio, es la circunstancia de que al presente no es menester ya ir a buscar a los fabricadores de errores entre los enemigos declarados: se ocultan, y esto es precisamente objeto de grandísimaansiedad y angustia, en el seno mismo y dentro del corazón de la Iglesia. Enemigos, a la verdad, tanto más perjudiciales, cuanto lo son menos declarados. Hablamos, Venerables Hermanos, de un gran número de católicos seglares y, lo que es aún más deplorable, hasta sacerdotes, los cuales, so pretexto de amor a la Iglesia, faltos en absoluto de conocimientos serios en Filosofía y Teología, eimpregnados, por el contrario, hasta la médula de los huesos de venenosos errores bebidos en los escritos de los adversarios del Catolicismo, se jactan, a despecho de todo sentimiento de modestia, como restauradores de la Iglesia, y en apretada falange asaltan con audacia todo cuanto hay de más sagrado en la obra de JESUCRISTO, sin respetar ni

aun la propia persona del divino Reparador, que rebajan, consacrílega temeridad, a la categoría de puro y simple hombre. 2. Enemigos de la Iglesia. Tales hombres se extrañan de verse colocados por Nos entre los enemigos de la Iglesia… pero no habrá fundamento para tal extrañeza en ninguno de aquellos que, prescindiendo de intenciones, reservadas al juicio de Dios, conozcan sus doctrinas y su manera de hablar y obrar. Son seguramente enemigos de laIglesia, y no se apartará de lo verdadero quien dijere que ésta no los ha tenido peores. Porque, en efecto, como ya se notó, ellos traman la ruina de la Iglesia, no desde fuera, sino desde dentro: en nuestros días el peligro está casi en las entrañas mismas de la Iglesia y en sus mismas venas… y el daño producido por tales enemigos es tanto más inevitable cuanto más a fondo conocen a la Iglesia. Añádaseque han aplicado la segur, no a las ramas, ni tampoco a débiles renuevos, sino a la raíz misma… esto es, a la fe y a sus fibras más profundas. Mas una vez herida esa raíz de vida inmortal, pasan a hacer circular el virus por todo el árbol, y en tales proporciones, que no hay parte alguna de la fe católica donde no pongan su mano, ninguna que no se esfuercen por corromper. Y mientras persiguen...
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