Cuentos

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CUENTOS
Paloma mensajera
©José O. Lavares
    Tenía entrenada a la paloma para que volara alto y llevara presto mensajes de amor. Le había dado la entereza para remontar alturas inconcebibles a las águilas monarcas de los Andes. Le gustaba extasiarse en esas alturas donde el hambre de los vientos se saciaba con vapores andino amazónicos. Al descenderdesafiante las esquivaba. Día y noche el águila del Inca se disfrazaba de paloma, pero ella la evadía. Aun tenía presente la suerte que corrieron sus padres al dejarse tentar por el engaño. Había sobrevivido bajo la custodia de palomas esquivas a las trampas puestas por escritores iniciados. Cuando pudo volar se lanzó a la aventura del nuevo continente no porque la movieran utópicos dorados, sino porqueveía cómo los parques se llenaban de artistas extranjeros muertos de hambre que buscaban la fama en las tinieblas de la ciudad luz, mientras sobrellevaban una vida de mastines arrancando de un tirón la de las palomas de la Plaza de la Concordia. A veces la nostalgia la embargaba y le daba por soñar mientras volaba. Esta costumbre le hizo bajar la guardia y fue así como en su último vuelo la garracertera del águila del Inca, alcanzó a herirla.
    En principio creyó despertar como en el sueño de la rosa de Coleridge, pero al verse en tierra enfrentada a una realidad cruda e inesperada, tuvo que avanzar de tumbo en tumbo por el empedrado sendero que conducía a la colina donde la esperaba ansioso. Le había prohibido volar a bajas horas, por eso a esas alturas mi preocupación crecíageométrica. Era la hora en que el sol moría extrangulado por las sombras. Caminaba con aspecto lánguido como si el sendero quisiera ahogarla. Con la misma pose con que seducía palomas, arrastraba el ala. Probablemente el amor es una herida desgarradora que hace bajar las alas, pensó.
    No tardó en escuchar el ladrido de los perros del vecino que olfatearon sus heridas. Eran perros que antes de escapardel paraíso, no ladraban. Les aburrió el hecho de no tener que cuidar nada en ese lugar donde la felicidad se compartía. Ahora hacían lo que les venía en gana, bajo la tutela de su poderoso amo, el de las grandes bolsas en las ojeras que competían con su papada y su panza, que sólo les exigía ciega lealtad. Veloces se deslizaron monte abajo llevándose consigo hasta a los diablos. Ella recibió a losagresores con aletazos de espanto que apenas el camino percibía. Logré llegar a tiempo para ponerle un palo entre las mandíbulas al más atrevido lebrel famoso por su entraña asesina. El tarascazo fue tan violento que volaron dientes como perlas escapadas de collar chamánico en trance de ayahuasca.
    Por más que la he cuidado llenándola de mimos, la ausencia de las alturas la ha sumido en unaprofunda pena que ha puesto ceniciento su ropaje. Sus alas han quedado estropeadas y los mensajes de amor condenados al olvido.
Arenas movedizas
©José O. Alvarez
Mi padre construyó su casa sobre arenas movedizas. Me vine a dar cuenta cuando casi me tragan. Logré salirme de su boca devoradora agarrado de la pata de una mesa compacta de madera brasil afirmada a la orilla. El enorme hueco quequedó enmedio de la sala nos produjo pavor. Con escrupulosidad de genio mi padre me miraba como si con recelo comprobara que sus amenazas se hubieran cumplido. Suspicazmente empezó a torear el monstruo con un barretón. Al tomar confianza, lo introdujo un poco y se lo devoró. Por la rendija le echó toda la arena que pudo pero fue como lanzarla al vacío pascaliano porque el monstruo la devoraba como sifuera enorme agujero negro.
Un día decidí enfrentarlo junto con mis hermanos. Quitamos la enorme lámina con la que mi padre le había tapado la boca y comenzamos a hurgarlo. Despacio, no tan rápido no va y sea que se despierte. Cuidado que ya empieza a dar vida. Pum, un enorme boquete se abrió. Desde arriba alcanzamos a ver una gigantesca galería iluminada por nuestras linternas. Bajamos por...
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