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Richard Rorty La filosofía y el espejo de la naturaleza

PREFACIO

Casi desde el mismo momento en que comencé a estudiar filosofía me impresionó la forma en que los problemas filosóficos aparecían o cambiaban de forma, como consecuencia de la adopción de nuevas suposiciones o vocabularios. De Richard Mckeon y Robert Brumbaugh aprendí a considerar la historia de la filosofía como una serie, node soluciones alternativas a los mismos problemas sino de conjuntas de problemas muy diferentes. De Rudolph Carnap y Carl Hempel aprendí cómo es posible que los pseudoproblemas aparezcan como tales cuando se vuelven a formular en el modo formal del habla. De Charles Hartshorne y Paul Weiss aprendí cómo se podía manifestar su carácter -traduciéndolos a la terminología de Whitehead o Hegel. Tuve lagran suerte de contar con estos hombres entre mis maestros, pero, para bien o para mal, consideré que todos ellos decían lo mismo: que un “problema filosófico” era producto de la adopción inconsciente de suposiciones incorporadas al vocabulario, en que se formulaba el problema -suposiciones que había que cuestionar antes de abordar seriamente el mismo problema. Algo más tarde, comencé a leer lasobras de Wilfrid Sellars. Me pareció que el ataque de Sellars al “Mito de lo Dado” daba carácter dudoso a las suposiciones existentes en el trasfondo de la mayor parte de la filosofía moderna. Y algo más adelante, comencé a tomarme en serio el planteamiento escéptico de Quine ante la distinción lenguaje-hecho, y a tratar de combinar el punto de vista de Quine con el de Sellars. Desde entonces,estoy tratando de aislar el mayor número posible de suposiciones existentes tras la problemática de la filosofía moderna, con la esperanza de generalizar y ampliar las críticas de Sellars y Quine al empirismo tradicional. Volviendo a estas suposiciones, y dejando claro que son opciones, pensaba yo, se conseguirían resultados “terapéuticos”, de forma parecida a como ocurrió con la disoluciónoriginal de los problemas de los manuales clásicos, promovida por Carnap. El presente libro es fruto de ese intento. El proceso de elaboración del mismo ha sido largo. La Universidad de Princeton es especialmente generosa en relación con el tiempo dedicado a la investigación y los años sabáticos, por lo que me resulta violento confesar que sin la ayuda adicional del “American Council of LearnedSocieties” (Consejo americano de sociedades culturales) y de la Fundación en memoria de John Simon Guggenheim, probablemente no habría llegado a escribirlo nunca. Comencé a esbozar sus líneas generales citando estaba disfrutando de una beca del ACLS en 1969-1970, y escribí la mayor parte de la primera redacción al recibir una beca Guggenheim en 1973-1974. Estoy sumamente agradecido a las tresinstituciones por la ayuda prestada. Muchas personas -alumnos de Princeton y otras universidades, asistentes a diversas conferencias, colegas y amigos- han leído o escuchado diversas versiones de varias secciones del libro. He introducido numerosos cambios tanto de contenido como de estilo en respuesta a sus objeciones y por ello les estoy muy agradecido. Siento que mi memoria sea tan mala que no puedoenumerar ni siquiera los casos más importantes de dicha ayuda, pero espero que los lectores que me han ayudado reconozcan a lo largo de la obra la influencia positiva de sus comentarios. No obstante, quiero manifestar mi agradecimiento a dos personas -Michael

Williams y Richard Bernstein- que han realizado comentarios muy valiosos sobre la penúltima versión de la obra completa igual que un lectoranónimo de la Princeton University Press. Estoy muy agradecido a Raymond Geuss, David Hoy y Jeffrey Stout, que me han dedicado parte de su tiempo y me han ayudado a resolver las dudas de última hora sobre el capítulo final. Para terminar, me gustaría expresar mi agradecimiento a Laura Bell, Pearl Cavanaugh, Lee Ritins, Carol Roan, Sanford Thatcher, Jean Toll y David Velleman por haberme ayudado...
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