El caballo que susurraba

Solo disponible en BuenasTareas
  • Páginas : 512 (127872 palabras )
  • Descarga(s) : 0
  • Publicado : 15 de noviembre de 2010
Leer documento completo
Vista previa del texto
Nicholas Evans

[pic]

EL HOMBRE QUE SUSURRABA A LOS CABALLOS

Para Jennifer

Quiero expresar mi sincero agradecimiento a cuatro buenos amigos: Fred y Mary Davis, Caradoc King y James Long; así como a Robbie Richardson, la primera persona que me habló acerca de los «susurradores».

No busques enredos externos,

No mores en el vacío interior;

Sé plácidoen la unicidad de las cosas;

El dualismo se desvanecerá por si sólo.

SENG-T'AN (m. en 606)

De la confianza en el corazón

ÍNDICE

PRIMERA PARTE 5
Capítulo 1 6
Capítulo 2 25
Capítulo 3 45
Capítulo 4 52
Capítulo 5 62

SEGUNDA PARTE 66
Capítulo 6 67
Capítulo 7 70
Capítulo 8 76
Capítulo 9 82
Capítulo 10 88
Capítulo11 94
Capítulo 12 100
Capítulo 13 102

TERCERA PARTE 112
Capítulo 14 113
Capítulo 15 118
Capítulo 16 124
Capítulo 17 128
Capítulo 18 133
Capítulo 19 142
Capítulo 20 152
Capítulo 21 158
Capítulo 22 164
Capítulo 23 172
Capítulo 24 182
Capítulo 25 185
Capítulo 26 192
Capítulo 27 199

CUARTA PARTE 209Capítulo 28 210
Capítulo 29 217
Capítulo 30 223
Capítulo 31 230
Capítulo 32 238
Capítulo 33 245
Capítulo 34 255
Capítulo 35 261

QUINTA PARTE 269
Capítulo 36 270

RESEÑA BIBLIOGRÁFICA 274

PRIMERA PARTE

[pic]

Capítulo 1

La muerte estuvo presente al principio y volvería a estarlo al final. Aunque si lo que cruzó por lossueños de la muchacha en aquella muy improbable mañana fue una sombra fugaz de ello, ella nunca lo sabría. Lo único que supo al abrir los ojos fue que el mundo había experimentado cierta alteración.
La luz roja del despertador permitía ver que aún faltaba media hora para que éste sonase. La chica permaneció muy quieta, sin levantar la cabeza, intentando dar forma a ese cambio. Estaba oscuro, perono tanto como habría debido estarlo. Al fondo del dormitorio distinguió claramente el centelleo empañado de sus trofeos de equitación en los desordenados estantes y, más arriba, los rostros de estrellas del rock que una vez pensó que tenían que interesarle. Prestó atención. El silencio que colmaba la casa también era distinto, expectante, como la pausa entre tomar aire y pronunciar una palabra.Pronto empezaría a oírse el amortiguado rugir de la caldera en el sótano y las tablas del suelo de la antigua casa de labranza iniciarían sus crujientes lamentos de rigor. Apartó rápidamente las sábanas y se acercó a la ventana.
Había nieve. La primera nevada del invierno. Y a juzgar por los travesaños de la cerca junto al estanque le pareció que podía haber más de un palmo de hondo. Sin vientoque la arrastrara, la nieve se veía perfecta y uniforme, amontonada en cómica proporción sobre las ramas de los seis pequeños cerezos que su padre había plantado el año anterior. Una estrella solitaria brillaba sobre el bosque en una gran tajada de azul intenso. La chica bajó la vista y observó que en la parte inferior de la ventana se había formado un encaje de escarcha y al poner un dedo encimade la misma derritió un pequeño agujero. Se estremeció, pero no de frío sino de sentir que aquel mundo transformado le pertenecía por entero, al menos de momento. Se volvió y se dio prisa en vestirse.
La noche anterior Grace Maclean había llegado de Nueva York con la única compañía de su padre. Siempre había disfrutado de ese viaje, dos horas y media por la carretera arbolada que cruzaba lacordillera de Taconic, arropados los dos en el largo Mercedes, escuchando cintas y charlando tranquilamente de la escuela o de algún nuevo caso en que él estuviera trabajando. Le gustaba oírle hablar mientras conducía, le gustaba tenerlo para ella sola, verlo relajarse poco a poco vestido con su aplicado atuendo de fin de semana. Su madre, como de costumbre, tenía una cena, una función o algo...
tracking img