El derecho a la ternura

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El Derecho a la Ternura |

EL DERECHO A LA TERNURA
(1994)“Donde tú eres tierno, dices plural”

Roland Barthes
Fragmentos de un Discurso Amoroso
LO PÚBLICO Y LO PRIVADO

Estamos acostumbrados a opinar sobre los grandes derechos públicos, aquellos que figuran en códigos y constituciones, haciendo parte de discursos políticos y promesas electorales. Se habla del derecho al empleo, elderecho a la vivienda, el derecho a la educación, al sufragio, en fin, de todos aquellos derechos que pueden figurar como reivindicaciones sociales de transparencia indemandable. Pero parece sospechoso y hasta ridículo hablar de esos derechos de la vida cotidiana que permanecen confinados a la esfera de lo íntimo, sin que nadie ose pronunciar sus nombres en las asambleas donde se debaten congrandilocuencia los problemas políticos de la época.  A esta categoría de derechos domésticos, relegados y vergonzosos, pertenece el derecho a la ternura.

Muchos se sentirán prevenidos frente a nuestro intento de considerar la ternura como un derecho, pues preferirían dejarla aparte de la diatriba política, pareciéndoles impensable que una constitución consagre como norma el deber de ser tiernos, sucesoque a más de ridículo podría convertir la palabra ternura en un lugar común o en una ominosa obligación.  Con ello, sólo lograríamos que dejara de ser un término cálido y evocador para convertirse en moneda desgastada que circule por entre folios y códigos, manoseada hasta la saciedad, ultrajada y burocratizada.  No, no nos proponemos, como dijera Thiago de Mello en sus Estatutos do Homen,abandonar la palabra ternura en el pantano enganoso das bocas, pues queremos, al contrario, hacer de ella algo vivo, como um fogo ou um rio o como a semente do trigo.  Está en contra de la vivencia de la ternura ubicarla dentro del campo de lo normativo, no porque se trate de una realidad impronunciable sino por una razón mayor:  las éticas impositivas parecen haber llegado a su fin, por lo que laeducación en valores debe ser articulada al campo de una estética sugerente que nos permita abandonar la esfera tiránica de los edictos para inscribimos en la trama de una educación del gusto y la sensibilidad. 

El problema de los derechos humanos no puede seguir circunscrito a la esfera de lo público, como una repetición monótona de las normas que deben acatar tanto el Estado como los ciudadanos. Su presencia, como temática candente del mundo contemporáneo, es en principio producto de un cambio en la sensibilidad colectiva que afecta nuestra manera de entender tanto el quehacer político como las relaciones amorosas, modulación afectiva que sólo de manera secundaria busca expresión en las estructuras legislativas.  La tradicional división entre lo público y lo privado, revela en éste casosu carácter arbitrario, pues al tratarse de la estética social -campo al cual adscribimos el derecho a la ternura-, es imposible no trascender el umbral del ágora o la calle para adentrarnos en las raíces afectivas, familiares e interpersonales, de las que se alimenta la ética ciudadana. Pensar dentro de la lógica excluyente de lo público y lo privado es colocarnos en una perspectiva que desconocela dimensión fundante de lo afectivo, como si la acción política nada tuviera que ver con las relaciones de poder que se establecen en la intimidad. Es hora de superar un planteamiento sobre los derechos humanos enunciado desde la juridicidad visible de los macrodiscursos ordenadores del Estado y la nación, marco expositivo que no deja ningún espacio para abordar, en su carácter de conflictosactuales de poder, aspectos hasta ahora relegados a la sombra de la dinámica familiar y la vida privada.

Lo privado, constituido por esas pequeñas rutinas de la vida diaria signadas por la dinámica afectiva, es precisamente el espacio donde, entre telones, se produce lo público. Al separar de manera tajante una y otra esfera, impedimos que el análisis sobre lo político y lo social llegue hasta...
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