El mundo de egipto antiguo

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La señal en la frente

Alguna vez empezó la historia. Largas escaleras recorre el tiempo, hacia todos los lados, sin detenerse en el presente, sin dejar de volver a empezar. La divinidad me enseñó, a través de rituales que exploran las épocas y develan la continuidad, que nada “ha sido nunca ni será, porque es”; la palabra es tan concreta como una roca, un cuerpo no es más que el disfrazde infinitos caracteres, y de estos un eufemismo el hombre. El todo es eterno. Las vidas son centellantes pinceladas de una mano inmortal, sobre la irradiación de luz de una entidad celestial. Un umbral donde es inútil ejercitar el recuerdo. Pero estoy a favor de mi libertad, y no pretendo hacer de mi memoria una simple palabra. Es por eso que invento gentes. Las rememoro, les doy una existencia ylas riego por los tiempos. Nombro a las cruces, a las estrellas, al fuego, a lo esotérico, a lo que resplandece, a los humanos; luego distribuyo territorios, tempestades, atardeceres, tribulaciones, incandescencias, y demás atributos, y confundo a mis creaciones errabundas en la alquimia.
Soy un semidiós. Se cada ínfima parte de las formas, conozco el espiral magnífico que dibuja lanaturaleza al representar las proporciones sagradas en las rosas, en los frutos. Sin embargo, a pesar del poder que detentan mis manos creadoras, de que puedo apelar a las magias sagradas, hay algo que me atormenta desde siempre; así como los hombres desconocen a los dioses, yo, el faraón Ramsés II, tercer gobernante de la XIX Dinastía Egipcia, hijo de Seti I, desconozco de dónde proviene la existenciade una mera cicatriz.
El código indescifrable aparece dibujado en el frente de Muwatalli, el rey hitita. Sabe quién qué designios ocultos contendrá aquel impávido recuerdo de una herida. Acaso será el tercer ojo que deja ver más allá del fin, o una entrada a los enigmas de Nesa, o quizá extrañas músicas que escapan a mis oídos. Aún hoy, demolido en mi lecho de muerte, continúo pensando ensu misterio.
I

He cometido un sacrilegio, procuré falsear la historia. El castigo está próximo, lo puedo percibir. En un primer intento, compuse un esbozo de la historia utilizando los símbolos del álgebra. Utilicé una secuencia finita pero basta de incógnitas para designar los elementos del universo. Luego, implementé centenares de coeficientes cuyos valores se determinaban encadenas de relaciones de igualdad, para realizar una cantidad de operaciones de sustracción y absorción, de modo que una serie de hechos, acontecimientos y cosas, se anularan o unieran para dejar de existir (o formar algo nuevo). Durante un tiempo que podría clasificar de infinito (por la minuciosidad de las operaciones), dediqué mis esfuerzos a lograr una síntesis perfecta que encerrara tal hazaña enuna simple frase. Creí (que iluso fui) comprender que al traducir esa labor a los caracteres sagrados, su sola pronunciación me haría un dios. De lo que era lógico concluir, que hasta las formas inexistentes se convertirían en mis fieles súbditos, y allí entraría mi plan en marcha. Mi intención era la de inmiscuir elementos de mi propia creación (sólo míos) entre los de existencia corriente(provenientes de otras mentes divinas) para desplazar esa absurda cicatriz del escenario confuso que me tenía encerrado en calidad de semidiós. Ensayé las palabras que habría de decir, tenía que decirlas en el lugar y momento precisos. Palabras que a la vez son números. Estalló la ira en los cielos al finalizar la conjura. Ya no recuerdo esas palabras, pues (así lo intuyo) la primera fase del castigodivino consistió en poner a mi mente en los caminos errantes del delirio, en cuyos laberintos perdí los frutos de aquella genialidad. Sé que aún no me ha llegado el verdadero escarmiento, y que no me llegará en esta vida; saber lo que a uno le espera es el peor de los tormentos. Hoy no hago nada por impedirlo, pero en esos días mi ego era insaciable.

II

Mis anhelos no habían...
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