Ensayos de jose maria arguedas

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GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ

DOCE CUENTOS
PEREGRINOS

SUDAMERICANA
BUENOS AIRES

ÍNDICE

1.- BUEN VIAJE SEÑOR PRESIDENTE

………………………7

2.- LA SANTA

……………………..19

3.- EL AVIÓN DE LA BELLA DURMIENTE

……………………..26

4.- ME ALQUILO PARA SOÑAR

……………………..29

5.- SÓLO VINE A HABLAR POR TELÉFONO

……………………..33

6.- ESPANTOS DE AGOSTO

……………………..41

7.- MARÍA DOS PRAZERS……………………...43

8.- DIECISIETE INGLESES ENVENENADOS

……………………...50

9.- TRAMONTANA

……………………..56

10.-EL VERANO FELIZ DE LA SEÑORA FORBES

……………………..59

11.-LA LUZ ES COMO EL AGUA

……………………..65

12.-EL RASTRO DE SANGRE EN LA NIEVE

……………………..67

PRÓLOGO
PORQUÉ DOCE,
PORQUÉ CUENTOS
Y PORQUÉ PEREGRINOS

Los doce cuentos de este libro fueron escritos en el curso de los últimosdieciocho años.
Antes de su forma actual, cinco de ellos fueron notas periodísticas y guiones de cine, y
uno fue un serial de televisión. Otro lo conté hace quince años en una entrevista
grabada, y el amigo a quien se lo conté lo transcribió y lo publicó, y ahora lo he vuelto a
escribir a partir de esa versión. Ha sido una rara experiencia creativa que merece ser
explicada, aunque sea para quelos niños que quieren ser escritores cuando sean grandes
sepan desde ahora qué insaciable y abrasivo es el vicio de escribir.
La primera idea se me ocurrió a principios de la década de los setenta, a propósito de un
sueño esclarecedor que tuve después de cinco años de vivir en Barcelona. Soñé que
asistía a mi propio entierro, a pie, caminando entre un grupo de amigos vestidos de luto
solemne,pero con un ánimo de fiesta. Todos parecíamos dichosos de estar juntos. Y yo
más que nadie, por aquella grata oportunidad que me daba la muerte para estar con mis
amigos de América Latina, los más antiguos, los más queridos, los que no veía desde
hacía más tiempo. Al final de la ceremonia, cuando empezaron a irse, yo intenté
acompañarlos, pero uno de ellos me hizo ver con una severidadterminante que para mí
se había acabado la fiesta. «Eres el único que no puede irse», me dijo. Sólo entonces
comprendí que morir es no estar nunca más con los amigos.
No sé por qué, aquel sueño ejemplar lo interpreté como una toma de conciencia de mi
identidad, y pensé que era un buen punto de partida para escribir sobre las cosas
extrañas que les suceden a los latinoamericanos en Europa. Fue unhallazgo alentador,
pues había terminado poco antes El Otoño del Patriarca, que fue mi trabajo más arduo y
azaroso, y no encontraba por dónde seguir.
Durante unos dos años tomé notas de los temas que se me iban ocurriendo sin decidir
todavía qué hacer con ellos. Como no tenía en casa una libreta de apuntes la noche en
que resolví empezar, mis hijos me prestaron un cuaderno de escuela. Ellosmismos lo
llevaban en sus morrales de libros en nuestros viajes frecuentes por temor de que se
perdiera. Llegué a tener sesenta y cuatro temas anotados con tantos pormenores, que
sólo me faltaba escribirlos.
Fue en México, a mi regreso de Barcelona, en 1974, donde se me hizo claro que este
libro no debía ser una novela, como me pareció al principio, sino una colección de
cuentos cortos, basadosen hechos periodísticos pero redimidos de su condición mortal
por las astucias de la poesía. Hasta entonces había escrito tres libros de cuentos. Sin
embargo, ninguno de los tres estaba concebido y resuelto como un todo, sino que cada
cuento era una pieza autónoma y ocasional. De modo que la escritura de los sesenta y
cuatro podía ser una aventura fascinante si lograba escribirlos todos con unmismo trazo,
y con una unidad interna de tono y de estilo que los hiciera inseparables en la memoria
del lector.
Los dos primeros —El rastro de tu sangre en la nieve y El verano feliz de la señora
Forbes— los escribí en 1976, y los publiqué enseguida en suplementos literarios de varios
países. No me tomé ni un día de reposo, pero a mitad del tercer cuento, que era por
cierto el de...
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