Entrevista maría félix

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Leñero Vicente, La Talacha Periodística, Ed. Diana, México.

María Félix: Yo soy mi casa

SE OYE UN timbrazo largo, inacabable, y Reina, la cuñada de María Félix, dice: Ahí está. En la residencia de Polanco, donde una gran fachada de piedra gris limita y defiende la vida privada de la Doña, Reina es algo así como su gerente, su administradora, su ama de llaves y consejera y secretariaejecutiva: todo al mismo tiempo. Reina es quien contesta el teléfono para informar a qué horas se podrá hablar con la Doña, quien vigila el trabajo de los operarios que han ido a colocar un toldo en el patio, quien vuelve a contestar el teléfono ("En esta casa llaman a todas horas –sonríe–, parece comisaría"), quien finalmente me dice: espere un momento ya no tarda en llegar. Ahí está. El prolongadotimbrazo –tercera llamada en el foro de un teatro, voz de "cámara-acción" en un estudio de cine– anuncia la definitiva aparición. Son las cinco y media de la tarde, la hora exacta que fijó para la cita la señora Félix. Hasta entonces todo ha sido silencio. Pronunciadas en voz baja, las palabras amortiguan su sonido sobre la alfombra que se derrama sin interrupciones por la estancia. Cuadros de Maríaen ésta y en aquella otra pared. María pintada por Leonora Carrington en un tríptico milagroso. María amazona y María con una serpiente enrollada al brazo izquierdo por Leonor Fini. María con un corazón de llamas ardiendo según Sofía Bassi. Una madre mexicana enrebozada (Diego Rivera 1948) amamanta a su hijo en la pared principal de la sala ¿también María?... y un poco más allá, en el comedorprovenzal, los pinceles de 1964 de Lepri transformaron a María en ave, en mariposa, en pistilo vegetal que se asoma a un jardín alucinante. Ahí está la Doña, vuelve a decir Reina cuando ya se escuchan los pasos, la voz, el levísimo chirrido de una puerta. Y aquí está efectivamente la Doña; al fin.

Sin moverse un milímetro

Toda acción, María entra bajando de uno de los cuadros de Leonor Fini, omejor: como saliendo del que Chávez Marión acaba de pintarle; sólo que hoy, en lugar del suéter y los pantalones blancos con que la vistió el artista para significar mejor ese desplante un poco reto, un mucho triunfo, María lleva pantalones azul oscuro, un suéter rojo de cuello de tortuga y botas encarnadas. La imprescindible diadema contiene la hermosa mata de pelo que Chávez Marión puso a flotaral viento, alígera. Es mi traje "del diario", dice después. Así se siente más cómoda; así anda de aquí para allá, sabiéndose bella y diciéndolo con orgullo de mujer que ha colocado en la cúspide de la fama su fama de mujer hermosa. Lo es, siempre. Indiscutiblemente.

María levanta la ceja izquierda y avanza firme por el salón de esta casa que ha decorado para ella el marqués de Beyrac, deClardecor. Su voz, la voz de sus películas y de sus presentaciones en público resuena durante el intercambio inicial de saludos. Sólo le falta un fuete, látigo quizá, supongo, para convertirse en una doña Bárbara citadina.

Es la segunda vez que estoy delante de ella. La primera: una noche en casa de Ernesto Alonso. Cuando yo ya me iba, llegó a cenar acompañada por Quique. Vestía un traje azul Dior;maravillosa, dijo Ernesto mientras yo me escabullía tímido con el buenas noches, mucho gusto, con permiso.

¿Un coñac"; ¿un café?

María retarda la charla cuando desaparece por segundos para ir a decir algo a Reina. Regresa pronto, siempre ligera y erguida, con el mismo cuerpo joven con que hace veintitrés años saltó al primer plano del estrellato nacional. Allí se ha mantenido desde entonces,sin moverse un milímetro, dirá después, durante la plática; ¡y vaya que eso cuesta! Porque más que alcanzar el éxito, lo difícil para una actriz es sostenerse en él sin permitir que se suba y nuble la cabeza; qué importante, pero qué importante conservar lúcidos los cinco sentidos, firme la voluntad, entero el ánimo. Talento. Inteligencia. Interés por la vida.

Pero de qué manera, señora. Cómo....
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