Etica para amador

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“Ética para
Amador”

Fernando Savater

Índice

Aviso antipedagógico 3

Prólogo 4

Capítulos:

I. De qué va la Ética 6

II. Ordenes, costumbres y caprichos 12

III. Haz lo que quieras 18

IV. Date la buena vida 24

V. ¡Despierta, baby! 29

VI. Aparece Pepito Grillo34

VII. Ponte en su lugar 42

VIII. Tanto gusto 50

IX. Elecciones generales 56

Epílogo. Tendrás que pensártelo 63

Aviso antipedagógico

Este libro no es un manual de ética para alumnos de ESO o bachillerato. No contiene información sobre los más destacados autores y más importantes movimientos de la teoría moral a lo largo de lahistoria. No he intentado poner el imperativo categórico al alcance de todos los públicos...

Tampoco se trata de un recetario de respuestas moralizantes a los problemas cotidianos que puede uno encontrarse en el periódico y en la calle, del aborto a la objeción de conciencia, pasando por el preservativo. No creo que la ética sirva para zanjar ningún debate, aunque su oficio sea colaborar ainiciarlos todos...

¿Tiene que hablarse de ética en la enseñanza? No estoy nada seguro de que deban evitarse unas primeras consideraciones generales sobre el sentido de la libertad ni que basten a este respecto unas cuantas consideraciones deontológicas incrustadas en cada una de las restantes disciplinas. La reflexión moral no es solamente un asunto especializado más para quienes deseen cursarestudios superiores de filosofía sino parte esencial de cualquier educación digna de ese nombre.

Este libro no es más que eso, sólo un libro. Personal y subjetivo, como la relación que une a un padre con su hijo; pero por eso mismo universal como la relación entre padre e hijo, la más común de todas. Ha sido pensado y escrito para que puedan leerlo los adolescentes: probablemente enseñarámuy pocas cosas a sus maestros. Su objetivo no es fabricar ciudadanos bienpensantes (ni mucho menos malpensados) sino estimular el desarrollo de librepensadores.

Madrid, 26 de enero de 1991

Prólogo

A veces, Amador, tengo ganas de contarte muchas cosas. Me las aguanto, estate tranquilo, porque bastantes rollos debo pegarte ya en mi oficio de padre como para añadir otros suplementariosdisfrazado de filósofo. Comprendo que la paciencia de los hijos también tiene un límite. Además, no quiero que me pase lo que a un amigo mío gallego que cierto día contemplaba pacíficamente el mar con su chaval de cinco años. El mocoso le dijo, en tono soñador: «Papi, me gustaría que saliéramos mamá, tú y yo a dar un paseo en una barquita, por el mar.» A mi sentimental amigo se le hizo un nudo en lagarganta, justo encima del de la corbata: «¡Desde luego, hijo mío, vamos cuando quieras!» «Y cuando estemos muy adentro -siguió fantaseando la tierna criatura- os tiraré a los dos al agua para que os ahoguéis.» Del corazón partido del padre brotó un berrido de dolor: «¡Pero, hijo mío...!» «Claro, papi. ¿Es que no sabes que los papás nos dais mucho la lata?» Fin de la lección primera.

Sihasta un crío de cinco años puede darse cuenta de eso, me figuro que un gamberro de más de quince como tú lo tendrá ya requetesabido. De modo que no es mi intención proporcionarte más motivos para el parricidio de los ya usuales en familias bien avenidas. Por otro lado, siempre me han parecido fastidiosos esos padres empeñados en ser «el mejor amigo de sus hijos.» Los chicos debéis tener amigos devuestra edad: amigos y amigas, claro. Con padres, profesores y demás adultos es posible en el mejor de los casos llevarse razonablemente bien, lo cual es ya bastante. Pero llevarse razonablemente bien con un adulto incluye, a veces, tener ganas de ahogarle. De otro modo no vale. Si yo tuviera quince años, lo que ya no es probable que vuelva a pasarme, desconfiaría de todos los mayores demasiado...
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