Feinmann, josé pablo - la crítica de las armas

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José Pablo Feinmann

La crítica de las armas

Grupo Editorial Norma
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©2003. José Pablo Feinmann ©2003. De esta edición Grupo Editorial Norma San José 831 (C1076AAQ) Buenos Aires República Argentina Empresa adherida a la Cámara Argentina del Libro Diseño de tapa: Ariana JenikImpreso en la Argentina Printed in Argentina

Primera edición: marzo de 2003 Primera reimpresión: septiembre de 2003

C.C.: 21995 ISBN: 987-545-099-5 Prohibida la reproducción total o parcial por cualquier medio sin permiso escrito de la editorial

Hecho el depósito que marca la ley 11.723 Libro de edición argentina

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A María Julia Bertotto, siempre. A Leonora Djament, mi editora, amiga y crítica. ALilia Ferreyra. Por ella y por las conversaciones que tuvimos sobre Rodolfo Walsh, su compañero. A Julio Mozeszowicz, siempre. A Guillermo Saccomanno. A Eduardo Belgrano Rawson. Al CELS. A Esteban Sousa, el ángel guardián de mi computadora. A Horacio González. Por su lectura. Por todos los largos años de nuestra larga amistad.

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De todos modos, el arma de la crítica no puede reemplazar lacrítica de las armas; la fuerza material debe ser abatida por la fuerza material; pero también la teoría se transforma en fuerza material en cuanto se apodera de las masas.

MARX

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Capítulo I

Hoy, 21 de octubre de 2002, Día de la Madre, para festejarlo con rigor, para festejarlo como hace años debí haberlo festejado, para festejarlo como nunca me atreví a festejarlo, para terminar con esta relaciónni abominable ni demoníaca sino estúpida, agobiante y estúpida que nos une desde siempre, para que nunca más haya para vos ni para mí otro Día de la Madre, para todo esto, hoy, voy a matarte, mamá.

La guerra de los mundos la vimos en el Astor. Fuimos con papá y Sergio. A papá no le interesaban esas películas; tenía una esencial imposibilidad para acceder a lo fantástico; la heredaba, supongo, desu padre, porque solía citarlo siempre que salíamos de ver alguna de ellas: mi papá, decía papá, decía qué amanse. No sé qué quiere decir amanse, tampoco sé si esa palabra existe; papá decía que era idish, porque idish era el idioma que hablaba su padre, quien decía qué amanse para decir qué cuento, qué disparate o -también papá lo traducía así- qué bolazo. Aun solía agregar dos palabras más;más, también, esotéricas. Porque la frase completa que decía el papá de papá era: amanse af den boiden. Así, al menos, quedó en mi recuerdo. Y amanse af den boiden era algo más que amanse; era: un cuento que nadie puede creerse o un cuento que sólo los tontos podrían creer. De modo que cuando salimos del Astor y no bien miré al cielo en busca de alguna nave marciana escuché decir a papá: ¡Qué amanse!¡Un amanse af den boiden! Y yo me avergoncé. Y dejé de pensar en los marcianos y pensé, una vez más, que papá era judío, un judío que decía frases en idish a la salida del cine, entre toda esa gente, para mi infinita humillación, para que yo sintiera que todos nos miraban y pensaban esos son judíos, para que yo sintiera que no quería ser judío, que quería ser como papá pero no quería ser judío.Quería ser, como vos, católico. Sólo eso quería de vos y sólo eso podías darme. Algo que no era tuyo, que habías heredado, recibido por puro azar. Pero algo poderoso. Ser católico. Oh, vieja, cuánto deseaba yo ser un buen niño católico. Fuimos a cenar a Chiquín. Y vos tenías (de pronto te vi) esa cara de exagerado temor que tanto detesto. Ésa: cuando abrís grandes los ojos y sacudís la

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cabeza. Yte pusiste a hablar de la película, que para vos no había sido un amanse, papá, le dijiste a papá, que eso era verdad, dijiste, que eso iba a pasar, que un día iban a llegar ellos, los marcianos, papá (porque vos a papá le decías papá y él a vos mamá, ya que eran más padres que esposos), los marcianos, dijiste otra vez, van a llegar, van a venir, y Sergio me miró y los dos sonreímos y los...
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