Historia alemana

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Esos marcos alemanes —grandes, verdes, inútiles— habían llegado al puerto de Buenos Aires en los baúles de los inmigrantes rubios que alcanzaron a trepar a un barco cuando callaron los cañones de la guerra del '14, sin más pasaje que la desesperación. Aquí los bancos se reían de esos billetes, definitivamente destinados al desván, al carnaval o a la melancolía. Allá,en ciudades como Berlín, Francfort, Hannover, las cosas eran más o menos así: 150 imprentas y más de 2 mil prensas humeaban 18 horas por día para fabricar pilas de marcos inservibles hora a hora. La cifra está en cualquier manual: entre noviembre de 1922 y noviembre de 1923 lo que quedaba del Estado alemán imprimió 370 billones de marcos.
"Mi familia era de clase media alta —recuerda hoy, enRoma, Karl Ruhle, corresponsal en Italia del Quick de Hamburgo—. Mi padre era psiquiatra. De golpe, allá por el '21, empezó a cobrar las visitas con huevos, leche, jamón, fideos. Muchos clientes insistían en pagar con dinero —solían llevarlo en gran cantidad y en valijas de cuero: tanto se necesitaba para pagar cualquier cosa—, pero mi padre se negaba. Recuerdo sus palabras: '¿Por qué insiste endarme algo abstracto? Por favor, deme algo concreto. . .'. En mi casa había cubiertos de plata, vajilla de Limoges, espejos venecianos y muebles de roble de Eslavonia tallados por remotos artesanos. Pues bien. Todo eso desapareció, se esfumó, se cambió por ropa, por comida, por servicios. Un día de 1923 me encontré vagando por una gran casa vacía. La crisis del marco sólo nos había dejado algunoslibros, unas pocas sillas, un estéril aire de dignidad muerta de hambre. Pero todavía teníamos una casa. . ."

LA CATÁSTROFE. Todavía tenían una casa. Algo que no podían decir decenas de miles de hombres y mujeres de la clase media —la más golpeada por la debacle—, que en dos años pasaron de altivos ciudadanos atrincherados tras la buena música, la buena pintura y la buena comida a militantes de lamiseria, postulantes a cualquier puesto subalterno, cazadores de mendrugos, soldados del trueque medieval: un pan por un jabón, un jabón por un cigarrillo, un cigarrillo por un par de medias. Y todo pasó sin que los alemanes se dieran cuenta. Vagamente supieron que el artículo 231 del Tratado de Versailles obligaba a Alemania a pagar inmensas sumas por los daños causados durante la guerra:exactamente 132 billones de marcos-oro (33 billones de dólares) que saldrían del carbón, del acero, de cuanto el país fuera capaz de producir. En 1919, el huevo de la serpiente (alegoría que usó Ingmar Bergman para definir a la inflación), casi transparente, ya dejaba ver el monstruo que vendría. En 1921, la serpiente quebró la frágil cáscara: en enero de 1923 se necesitaban 10.000 marcos, para comprarun dólar. En febrero, 30 mil. En julio, 100 mil. En agosto, 1 millón. En octubre, 10 millones. A fin de ese año —cuando una caja de fósforos costaba 6 millones—, 100. "Los bancos abrían a las ocho de la mañana —recuerda, en París, un sobreviviente del caos—. Nadie sabía qué iba a pasar ese día. A las diez, los obreros y los empleados cobraban su jornal —se pagaba por día, claro—. Entonces corríancomo alucinados hasta los portones de la fábrica y les daban el dinero a sus mujeres, que esperaban desde hacía horas. Uno podía ver los brazos estirados, tensos, rápidos: porque un minuto perdido era un bocado menos. Las mujeres metían el dinero en una bolsa y corrían a los mercados con toda la fuerza de sus piernas porque sabían que los precios cambiaban cada hora, cada media, cada cuarto, comoanuncian el paso del tiempo los viejos carillones." Cuando la mercadería se agotaba —o cuando el dinero perdía la carrera—, empezaba el mercado paralelo. Era común ver cómo pasaban los marcos de una bolsa a la otra, que a su vez se llenaba de panes que a su vez se convertían en peces, como una versión satánica del milagro de la multiplicación. Y así llegaba la noche, y las familias se reunían en...
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