Laberinto de la soledad resumen

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EL LABERINTO DE LA SOLEDAD
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EL PACHUCO Y OTROS EXTREMOS

A TODOS, en algún momento, se nos ha revelado nuestra existencia como algo particular, intransferible y precio¬so. Casi siempre esta revelación se sitúa en la adolescen¬cia. El descubrimiento de nosotros mismosse manifiesta como un sabernos solos; entre el mundo y nosotros se abre una impalpable, transparente muralla: la de nues¬tra conciencia.
Es cierto que apenas nacemos nos senti¬mos solos; pero niños y adultos pueden trascender su so¬ledad y olvidarse de sí mismos a través de juego o traba¬jo. En cambio, el adolescente, vacilante entre la infancia y la juventud, queda suspenso un instante antela infinita riqueza del mundo.
A los pueblos en trance de crecimiento les ocurre algo parecido. Su ser se manifiesta como interrogación: ¿qué somos y cómo realizaremos eso que somos?
Muchas veces las respuestas que damos a estas preguntas son des¬mentidas por la historia, acaso porque eso que llaman el "genio de los pueblos" sólo es un complejo de reaccio¬nes ante un estímulo dado; frente acircunstancias diver¬sas, las respuestas pueden variar y con ellas el carácter nacional, que se pretendía inmutable. A pesar de la na¬turaleza casi siempre ilusoria de los ensayos de psicolo¬gía nacional, me parece reveladora la insistencia con que en ciertos períodos los pueblos se vuelven sobre sí mis¬mos y se interrogan. No toda la población que habita nuestro país es obje¬to de mis reflexiones,sino un grupo concreto, constitui¬do por esos que, por razones diversas, tienen conciencia de su ser en tanto que mexicanos. Contra lo que se cree, este grupo es bastante reducido. Las épocas viejas nunca desaparecen completamen¬te y todas las heridas, aun las más antiguas, manan san¬gre todavía.
Por eso, al intentar explicarme algunos de los rasgos del mexicano de nuestros días, principio conesos para quienes serlo es un problema de verdad vital, un proble¬ma de vida o muerte.
AL INICIAR mi vida en los Estados Unidos residí algún tiempo en Los Ángeles, ciudad habitada por más de un millón de personas de origen mexicano. A primera vista sorprende al viajero —además de la pureza del cielo y de la fealdad de las dispersas y ostentosas construccio¬nes— la atmósfera vagamente mexicana de laciudad, imposible de apresar con palabras o conceptos. Esta mexicanidad —gusto por los adornos, descuido y fausto, ne¬gligencia, pasión y reserva— flota en el aire. Y digo que flota porque no se mezcla ni se funde con el otro mun¬do, el mundo norteamericano, hecho de precisión y efi¬cacia. Lo que me parece distinguirlos del resto de la pobla¬ción es su aire furtivo e inquieto, de seres que sedisfra¬zan, de seres que temen la mirada ajena, capaz de des¬nudarlos y dejarlos en cueros. Cuando se habla con ellos se advierte que su sensibilidad se parece a la del péndu¬lo, un péndulo que ha perdido la razón y que oscila con violencia y sin compás. Este estado de espíritu —o de au¬sencia de espíritu— ha engendrado lo que se ha dado en llamar el "pachuco". Como es sabido, los "pachucos" sonbandas de jóvenes, generalmente de origen mexica¬no, que viven en las ciudades del Sur y que se singulari¬zan tanto por su vestimenta como por su conducta y su lenguaje. Rebeldes instintivos, contra ellos se ha cebado más de una vez el racismo norteamericano. Pero los "pachucos" no reivindican su raza ni la nacionalidad de sus antepasados. A pesar de que su actitud revela una obsti¬nada y casifanática voluntad de ser, esa voluntad no afir¬ma nada concreto sino la decisión —ambigua, como se verá— de no ser como los otros que los rodean. El "pachuco" no quiere volver a su origen mexicano; tampoco —al menos en apariencia— desea fundirse a la vida nor¬teamericana. Todo en él es impulso que se niega a sí mis¬mo, nudo de contradicciones, enigma. Otras comunidades reac¬cionan de modo distinto; los...
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