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Hechizo
Nora Roberts

Los Donovan 3

Título original: Charmed

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Prólogo
La magia existe. ¿Quién puede dudarlo cuando hay arcoiris y flores, la música del viento y el silencio de las estrellas? Cualquiera que haya amado ha sido rozado por la magia. Es una parte fundamental y extraordinaria de nuestras vidas. Algunosposeen más, han sido elegidos para perpetuar un legado traspasado durante innumerables generaciones. Los antepasados fueron Merlín, la sacerdotisa Ninian, el hada Rhiannon, los duendes de Arabia. Y también compartieron la misma sangre los pueblos celtas, Morgan Le Fay y otros cuyos nombres solo se susurraban en secreto y penumbras. Cuando el mundo era joven y la magia era algo tan natural como unagota de agua, las hadas bailaban en el corazón de los bosques y, en ocasiones, se mezclaban con los mortales. Igual que ahora. Su poder era ancestral. Incluso de pequeña había comprendido, le habían enseñado, que tales dones no eran gratuitos. Los padres que la habían educado con todo el amor de sus corazones no podían engañarla, sino darle cariño y cuidar de ella hasta que se convirtiera en unamujer adulta. Solo podían esperar mientras veían a su hija experimentar los placeres y padecimientos de la infancia, la adolescencia y la madurez. Como mujer, había escogido una vida tranquila y sabía estar sola sin sufrir el pinchazo de la soledad. Como hechicera, aceptaba su don y nunca olvidaba la responsabilidad que este entrañaba. Aunque quizá anhelara, como todos los dioses y mortales hananhelado desde el principio de los tiempos, un amor eterno y verdadero. Pues era consciente de que no había poder, embrujo ni encantamiento mayor que el regalo de un corazón acogedor y abierto.

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1
Cuando vio a la niñita mirar a través del rosal, Anastasia no tenía idea de que aquella chiquilla le cambiaría la vida. Había estado canturreando, como solía hacercuando cuidaba el jardín, disfrutando del olor de la tierra. El cálido sol de septiembre brillaba dorado en el cielo, el arrullo del mar contra el espigón se unía armónicamente con el zumbido de las abejas y los gorjeos de los pájaros. Su gato gris descansaba en el suelo junto a ella, agitando la cola con algún sueño felino. Una mariposa se posó en silencio sobre la palma de Ana, que le acariciólas alas con las yemas de los dedos. Luego la soltó y vio una pequeña carita que se asomaba a través de su seto de rosas. Ana sonrió al instante. Era una cara dulce, con una barbillita aguda, nariz respingona y grandes ojos azules como el cielo. Una gran melena morena completaba la descripción. La niña le devolvió la sonrisa con una expresión curiosa y traviesa al mismo tiempo. —Hola —la saludóAna, como si siempre se encontrara niñas pequeñas en sus rosales. —Hola, ¿puedes acariciar mariposas? —preguntó la niña con naturalidad—. Yo nunca lo consigo. —El secreto está en esperar a que ellas te inviten —Ana le acarició el pelo y se puso de cuclillas. Había visto una furgoneta de mudanzas el día anterior, de modo que debía de estar frente a la hija de sus nuevos vecinos—. ¿Habéis venido a lacasa de al lado? —Sí, vamos a vivir aquí. Me gusta, porque veo el agua desde la ventana de mi habitación. También he visto una foca. En Indiana solo hay focas en el zoo. ¿Puedo entrar? —Por supuesto —Ana abrió la puerta del jardín y la niña pasó bajo el arco de rosas. En sus brazos llevaba una perrita—. ¿A quién tenemos aquí? —Se llama Daisy —la niña dio un beso cariñoso sobre la cabeza de lacachorra—. Es mía y voló conmigo en el avión y no tuve nada de miedo. Tengo que cuidar de ella y darle comida y agua y lavarla y todo, porque es responsabilidad mía. —Es muy bonita —comentó Ana. Y muy pesada para una niña de cinco o seis años, supuso—. ¿Puedo? —añadió, extendiendo los brazos. —¿Te gustan los perros? —preguntó la niña mientras le entregaba a la cachorra—. A mí me gustan los perros y...
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