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VIII Congreso Internacional del CLAD sobre la Reforma del Estado y de la Administración Pública, Panamá, 28-31 Oct. 2003

Descentralización, participación y competencia en la gestión social♣ Rolando Franco* ∂
Introducción Con posterioridad a la crisis de la deuda, en los años ochenta, y en el marco de las políticas que pugnaban por la estabilización de las economías y la introducción dereformas estructurales para recuperar la senda del desarrollo, surgió en América Latina una pugna entre dos paradigmas de política social. El tradicional, que estaba estrechamente vinculado al modelo cuyo quiebre definitivo se había producido con aquella crisis, le otorgaba al Estado el monopolio de la política social y de sus diferentes aspectos (financiamiento, diseño, implementación y control). Suconsigna era que “el Estado sabe” cuáles son los problemas y cómo atenderlos. Por ello, financiaba una provisión de servicios que era supuestamente igual para todos los beneficiarios, independientemente de las peculiaridades que los caracterizaran. En definitiva, el usuario no tenía muchas opciones: aceptaba la oferta estatal o carecía de solución para su problema. Los recursos para dicha política,obviamente, provenían del presupuesto nacional. El paradigma emergente, en cambio, postuló que “la capacidad de innovación y de resolución de problemas se encuentra dispersa en toda la sociedad” y, por lo mismo, recomendaba el establecimiento de mecanismos que contribuyeran a que esa capacidad aflorara. Así se prefirió la lógica de proyectos a la lógica burocrática. Correspondía que el sectorpúblico reconociera la existencia de otros actores de la política social (empresas comerciales, obras filantrópicas, organizaciones no gubernamentales, las propias familias, etc.) que tenían, en muchos casos, condiciones de llevar a cabo de manera más eficiente y eficaz algunas de las tareas de la política social. Este paradigma considera necesario además que se permita a las personas tomar sus propiasdecisiones, por cuanto –se supone- que nadie conoce mejor que ellas mismas lo que les conviene.i De allí la relevancia que han cobrado los planteos sobre el subsidio a la demanda, según el cual los recursos públicos deben entregarse a los beneficiarios para que puedan satisfacer autónomamente sus necesidades (de educación o salud, por ejemplo) a través del mercado (o, más precisamente, delrespectivo cuasimercado). De allí surge, entre otras cosas, el interés por la cofinanciación de los programas. Se entiende que hay que recuperar recursos porque éstos siempre son escasos. Por ello, debe buscarse que quienes pueden pagar, lo hagan. Además, se argumenta que los copagos permiten comprometer a los beneficiarios con el programa y motivarlos para que extraigan el mayor rendimiento a losservicios por los cuales pagan: “sólo lo que cuesta vale". En el marco de ese conjunto de modificaciones a la política social se plantea también la redistribución de las funciones del aparato estatal, promoviéndose el traslado de responsabilidades desde el nivel central hacia entidades subnacionales. Básicamente, se trata de la función de provisión de bienes públicos y de su producción (Finot, 2002).El centralismo latinoamericano y la opción descentralizadora La tendencia histórica latinoamericana ha sido centralizadora. En ello han influido razones políticas, como la matriz unitaria, típica de la mayoría de los Estados de la región, el centralismo larvado que existe incluso en los que adoptaron estructuras federales, y las influencias culturales, muy importantes desde la independencia,procedentes de países tradicionalmente centralizados, en especial Francia. A todo ello se agregan los mecanismos de retroalimentación, que se dan entre la centralización de la toma de decisiones y la concentración de la actividad económica. Esto fue notorio especialmente en el largo periodo de la sustitución de importaciones que, como ya se dijo, caracterizó a la región hasta 1980.

VIII Congreso...
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