Relog sin dueño.

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  • Publicado : 7 de febrero de 2011
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RELOJ SIN DUEÑO
JOSÉ LÓPEZ PORTILLO Y ROJASI—
¡Insoportable es ya la insolencia de estos periodistas! —exclamó el juez don Félix Zendejas, golpeando coléricamente la mesa con el diario que acababade leer.Era don Félix hombre de mediana edad, como entre los treinta y los cuarenta años, grueso, sanguíneo, carirredondo, barbicerrado, de centelleantes ojos, nariz larga, tupidísimas cejas ycarácter tan recio como sus facciones. Hablaba siempre a voz herida, y cuando discutía, no discutía, dogmatizaba. No toleraba objeciones; siempre tenía la razón o pretendía tenerla, y si alguno se ladisputaba, exaltábase, degeneraba el diálogo en altercado, y el altercado remataba pronto en pendencia. Hubiérase dicho que la materia de que estaba formado su ser era melinita o ruburita, pues con la menorfricción, y al menor choque, inflamábase, tronaba y entraba en combustión espantosa; peligroso fulminante disfrazado de hombre.Pocas palabras había cruzado con su esposa Otilia durante la comida, porhaber estado absorto en la lectura del periódico, la cual le había interesado mucho, tanto más, cuanto que le había maltratado la vesícula de la bilis; porque era su temperamento a tal punto excitable,que buscaba adrede las ocasiones y las causas de que se le subiese la mostaza a las narices.De la lectura sacó el conocimiento de que los perros emborronadores de papel, como irreverente llamaba alos periodistas, continuaban denunciando a diario robos y más robos, cometidos en diferentes lugares de la ciudad y de diversas maneras; y todos de carácter alarmante, porque ponían al descubierto unestado tal de inseguridad en la metrópoli, que parecían haberla trocado en una encrucijada de camino real. Los asaltos en casas habitadas eran el pan de cada día; en plena vía pública y a la luz delsol, llevaban a cabo los bandidos sus hazañas; y había llegado a tal punto su osadía, que hasta los parajes más céntricos solían ser teatro de hechos escandalosos. Referíase que dos o tres señoras...
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