Sociologia

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Sociología

Historia social del conocimiento

En la provincia, a menudo árida, de la Historia, Peter Burke es una notable excepción. Su implacable erudición no se protege en la aridez de estilo, no se empaña con la dicción didáctica o académica.

Historia social del conocimiento, último libro de Peter Burke es, como siempre, un ejemplo de rigor y estilo. Es algo más. Es un compendio oresumen de una trayectoria, de una forma de hacer historia (habrá que entender la expresión, sospecho, en los dos sentidos que admite). Burke vuelve a visitar espacios y tiempos que le son familiares: Italia, Francia, Inglaterra o España, el renacimiento, la primera modernidad. Y vuelve a visitar esos espacios y esos tiempos con la vieja, cada vez más matizada, idea de una historia social y cultural.Esa idea que ha producido libros como Sociología e Historia, La cultura popular en la Europa moderna o Formas de historia cultural.

En este caso se trata de una fascinante historia social del conocimiento y de la cultura: de ese conocimiento, de esa cultura, que ahora estimamos como propios.

A partir de las hipótesis que retratan nuestra sociedad como sociedad de la información, Burke trazala historia de la información y el conocimiento: que se busca y se tiene, se intercambia -se vende o se roba- que se almacena y se clasifica, se institucionaliza.

Inconscientemente tendemos a considerar el conocimiento como algo etéreo, a menudo intangible, como algo que se tiene en un lugar recóndito del cerebro. Sabemos, sin embargo, que se transmite a través de instituciones (escuela,universidad); que se difunde a través de libros, revistas, periódicos o catálogos; que se jerarquiza y se clasifica; que se almacena en bibliotecas o bancos de datos.

Peter Burke detalla la historia de la Europa intelectual, de la “República de las letras”. No sólo la historia: también la geografía y la economía, la política del conocimiento.

El fascinante medio social, político y religioso en elque emergieron figuras como Montaigne o Erasmo, Descartes o Leibniz, Montesquieu o Diderot, es analizado con detalle y con cariño, con estilo y con rigor. Bajo los nombres propios se va desvelando la historia de las enciclopedias y las bibliotecas, de los museos, de la clasificación alfabética, de los mapas y las cartas de navegación; como se desvelan los intereses que posibilitan y obstruyen elconocimiento: iglesias, Estados, corporaciones.

Yo, que escribo esto, y usted que lo lee, nos sabemos concernidos por la historia que narra Peter Burke: por el mundo -fascinante- de la letra impresa, por la aventura del conocimiento y sus muchas desventuras.

Hay márgenes temporales, que el subtítulo precisa: de Gutenberg -inventor de la imprenta de tipos móviles- a Diderot -editor de laEnciclopedia-. Entre esos dos nombres, entre esos dos artefactos, se produce una historia en la que se va fraguando el medio intelectual: productores de conocimiento e intermediarios, instituciones y mercados. Esa historia se puede narrar, presumo, de varias formas. Peter Burke elige la mejor. En su Historias social del conocimiento -esa historia suya que es la nuestra- no faltan la emoción y laintriga, la ironía y el humor. En esa historia se trazan los perfiles del continente de la letra. La obra de Burke es uno de sus más estimulantes contenidos: un placer, un honor.

El derecho y el concepto filosófico de hombre en sociedad.

Tras el Tratado de Westfalia, la religión dejó de ser invocada como la causa de las guerras en Europa, imponiéndose el pragmatismo de las relacionesinternacionales que invocan intereses más secularizados para ellas, como había reclamado Nicolás Maquiavelo en su famoso tratado El Príncipe. Esta obra para algunos marca el comienzo de la modernidad, y su estela fue continuada por los fundadores del derecho de gentes, el holandés Hugo Grocio o, desde un punto de vista opuesto, la neoescolástica Escuela de Salamanca.
La supuesta incapacidad (discutida ya en...
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