Titeres

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Título original: The Puppet Masters

Traducción de Francisco Blanco
© 1951 by Robert A. Heinlein
© 1982, Ediciones Martínez Roca, S. A.
Gran Via, 774, 7.°, Barcelona-13
ISBN 84-2704720-5
Depósito legal: B. 15.918 - 1982
Impreso por Romanyá/Valls, Verdaguer, 1, Capellades (Barcelona)
Impreso en España — Printed in Spain


1

¿Estaban realmente dotados de inteligencia? De unainteli¬gencia propia, se entiende. Lo ignoro. Y tampoco sé si alguna vez conseguiremos averiguarlo.
Lo que sí puedo decir es que, si no eran inteligentes, confío en no llegar a ver el día en que debamos luchar contra seres parecidos a ellos, que sean inteligentes. Sé de antemano quién perdería: yo, vosotros... En una palabra, esos a los que se deno¬mina «humanos».
Por lo que a mí respecta, la aventuracomenzó —demasiado pronto para mi gusto— la mañana del 12 de julio de 2007. Mi te¬léfono empezó a vibrar hasta levantarme la piel del cráneo. Hay que decir que los teléfonos que se utilizan en la Sección no pertenecen a un modelo corriente: el audioemisor está inser¬tado quirúrgicamente debajo de la piel, detrás de la oreja iz¬quierda, y los huesos actúan de conductores. Me palpé maquinalmenteantes de acordarme de que lo que buscaba se había quedado en mi chaqueta, al otro extremo de la habitación.
—Ya voy... —gruñí—. Ya lo he oído. No hace falta armar tanto escándalo.
—Llamada urgente —dijo una voz en mi oído—. ¡Acuda inme¬diatamente a informar!
Le dije sin reparos lo que podía hacer con su llamada urgente.
—El Patrón está esperando —insistió la voz.
Eso cambiaba el aspecto de lacuestión.
—¡Ya voy! —dije, incorporándome con tal brusquedad que noté un tirón detrás de los ojos. Entré en el cuarto de baño, me inyecté una dosis de Gyro y dejé que el vibrador me diera un buen masaje mientras la droga me ponía en forma. Al salir del baño era un hombre nuevo, o al menos algo que se le parecía vagamente. Me puse la chaqueta y salí de casa.
Entré en las oficinas de la Sección porlos lavabos de la esta¬ción MacArthur. Nuestra dirección no figura en el listín tele¬fónico; a decir verdad, carecemos de dirección. Todo lo refe¬rente a nosotros no es más que una ilusión óptica... También se puede entrar por una pequeña tienda cuyo letrero reza: SELLOS Y MONEDAS ANTIGUOS. Sin embargo, siguiendo este camino no se consigue nada. Quien lo intente sólo conseguirá que le vendan unsello de dos peniques. El acceso es imposible, sea cual sea el camino elegido. Repito que no existimos.
Hay algo que ni siquiera el jefe del estado puede llegar a saber: la calidad de su servicio secreto. La única forma de com¬probarlo es cuando necesita de sus servicios y no puede disponer de ellos. Por eso existía nuestra Sección. Nosotros somos el nexo de unión con las otras secciones. LasNaciones Unidas nunca han oído hablar de nosotros, ni los Servicios de Inteli¬gencia centrales, supongo. Lo único que yo sabía acerca de no¬sotros era el aprendizaje que había recibido y las misiones a las que me enviaba el Patrón. Misiones muy interesantes si a uno no le preocupa dónde dormir, lo que come y cuánto vivirá. Si hu¬biese tenido algo de cordura, hubiera dimitido y buscado cual¬quier otroempleo.
La única pega es que hubiese dejado de trabajar con el Pa¬trón. En eso consistía la diferencia... Y no es que sea un jefe blando. Es muy capaz de decir: «Muchachos, hay que fertilizar este roble. Meteos en este agujero de la base y yo os cubriré de tierra».
Y lo haríamos. Todos nosotros.
El Patrón nos enterraría vivos si creyera que por lo menos había un cincuenta y tres por ciento deprobabilidades de que la operación salvara al país de una catástrofe.
Cuando entré, se levantó y se me acercó cojeando; una mali¬ciosa sonrisa curvó sus labios. Su enorme cráneo calvo y su poderosa nariz latina le daban un aspecto mezcla de demonio y polichinela.
—Bienvenido, Sam —dijo—. Siento haberte sacado de la cama.
No le creí en absoluto.—Estoy de permiso —fue mi respuesta.
—Ya lo sé....
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