Al amor y lo inconciente

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EL AMOR Y LO INCONSCIENTE
O
EL (a)MURO


Bernard NOMINE



El título que escogieron para esta jornada no deja de resonar con la bella canción de Charles Trenet: «¿Qué queda de nuestros amores?» y acaso recuerden que esta pregunta es redoblada inmediatamente por otra: ¿qué queda de las dulces esquelas? Es verdad que cuando se termina una historia de amor puede preguntarse qué vamos ahacer con lo que queda, frecuentemente materializado por toda una correspondencia.

No se puede hablar del amor sin evocar la carta de amor. No es por azar que la carta de amor es un objeto que se guarda, ocurre también que se la devuelva o que se la queme, lo cual, después de todo, es también significativo. Esto nos muestra bien que la carta de amor, aun cuando se funde sobre una metáfora, puestoque el amor es el efecto de un decir particular, la carta de amor es a pesar de todo una cosa distinta del puro significante.

El amor es, entre otras cosas, un efecto del significante. Digo entre otras cosas, pues hay que ser prudente. Resumir el amor en un encuentro significante tiene el riesgo de conducir a chascos del estilo de aquellos que conocen hoy día esas personas que buscan suscompañeros en la pantalla de sus computadores. Todo va muy bien mientras el amor se guarece tras la palabrería amorosa, pero cuando llega el momento del encuentro con el cuerpo de la persona real, digamos con su goce, el encanto corre el riesgo de romperse. Se me podría objetar, por supuesto, que hablar de amor es en sí un goce; es lo que Lacan señalaba, pero este goce que hay en hablar de amor o enescribir el amor, no es del mismo orden que el goce del cuerpo del Otro sobre el cual Lacan insiste en varios pasajes, diciéndonos que no es el signo del amor. Esta fórmula de Lacan que aparenta ser muy simple en su enunciado, no es tan simple como parece, y creo que para tener la dimensión de su alcance, hay que referirla no solamente a la clínica de la vida amorosa, tal como la entendemoscotidianamente, sino también a la teoría freudiana de la elección amorosa.


Creo que al respecto no sobra volver sobre los textos clásicos de Freud, bien se trate de Sobre la más generalizada degradación de la vida amorosa[1] o de Sobre un tipo particular de elección de objeto en el hombre[2]. La teoría freudiana nos muestra la estructura de las relaciones entre amor, deseo y goce, que en la estructurade la libido masculina es la de no poder amar, desear y gozar de un solo y mismo objeto.

Para Freud la libido está hecha de dos corrientes que se oponen en el conflicto neurótico:

• Una corriente tierna que se constituyó muy temprano en la infancia; esa corriente tierna se dirigía hacia una figura parental.
• Y además una corriente sensual, reprimida durante la infancia, oculta trasla satisfacción autoerótica y liberada en el momento de la pubertad.

El yo no quiere saber que esas dos corrientes pueden confluir en un único y mismo objeto; la prohibición del incesto implica que el hombre no sepa que amaba de manera sensual a su madre, a su padre, a su hermano, o a su hermana. Es por eso que el hombre desdobla el objeto de su libido. Mantiene intacto el lazo de ternura quelo une a una mujer amada e idealizada y busca satisfacer su corriente sensual con una mujer muy diferente y generalmente rebajada.




Hombre Mujer amada e idealizada

Mujer rebajada, objeto de deseo.


Este texto de Freud nos permite establecer una fórmula muy simple de la libido masculina, una fórmula hecha decuatro lugares. En el nivel superior escribamos la relación consciente del yo con el objeto idealizado de su amor, es a ese nivel que se expresa la corriente tierna. Y debajo escribamos la relación inconsciente que orienta al sujeto del inconsciente hacia el objeto de su deseo; es la corriente sensual. Esta orientación es impedida porque ella implica un goce que debe permanecer en el inconsciente....
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