Comenttarios filosoficos

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Cuando abordo el examen de mi propia conducta, cuando pretendo dictar una sentencia sobre ella, y aprobarla o condenarla, es evidente que en todos estos casos yo me desdoblo en dos personas, por así decirlo; el yo que examina y juzga representa una personalidad diferente del otro yo, el sujeto cuya conducta es examinada y enjuiciada. El primero es el espectador, cuyos sentimientos en relación ami conducta procuro asumir al ponerme en su lugar y pensar en cómo la evaluaría yo desde este particular punto de vista: El segundo es el agente, la persona que con propiedad designo como yo mismo, y sobre cuyo proceder trato de formarme una opinión como si fuera un espectador. El primero es el juez; el segundo la persona juzgada. Pero que el juez y el procesado sean en todo iguales es tanimposible como que la causa fuese en todo igual al efecto" (TSM: 231; énfasis RRT).
Estamos ante la presentación diáfana del sí mismo como otro, sueño del sujeto característico de toda nuestra tradición ética que, yendo más allá del ‘olvido’ de la voluntad característico de la cultura greco-romana, se ha dado a la tarea de constituir y dar contenido a esa fabulosa facultad del espíritu humano. Aquí haytambién un recurso a la voluntad a la que se dicta lo que es correcto moralmente pero, como Arendt (1984) ha mostrado en su reconstrucción de la tradición cristiano-occidental, tal voluntad se muestra escindida, como un adentro que es el afuera de sí mismo, el agustiniano Uno dentro de mí que es más yo que yo mismo.
Esta propuesta final acumula ganancias y pérdidas. Si hay que contar con unasimpatía no contaminada por la torpe imaginación de los humanos, entonces las aporías que implícitamente generaba la propuesta inicial de Smith se desvanecen. Y se desvanecen porque la moral mora en una conciencia que no tiene recobecos para el espectador imparcial, superando así el deformado espejo social en el que inicialmente se mostraba, y porque esa moral se hace universal, atenta a lasintenciones y esfuerzos morales de los sujetos, más allá de su riqueza, poder y honor. Esto permite el paso de la vergüenza unilateral a la culpa propiamente dicha y la remoralización de la pobreza de forma que se contemple al menesteroso como criatura que, clamando a la conciencia, nos brinda la oportunidad de exhibir nuestras virtudes benevolentes, como se comprobará más adelante.
Pero si éstas son lasganancias resultantes de ese giro, las pérdidas no son menos destacadas. Un universo moral que mora en una conciencia en la que se oye la voz del vicerregente del Altísimo no puede ser ya concebido como un orden auto-engendrado mimético-reflexivamente a partir de las prácticas de sujetos que atienden a las imágenes que los otros se hacen de ellos, logrando así auto-trascenderse sin referencia anada que les sea exterior. Este es tan sólo un primer nivel o, asegura Smith, una "primera instancia" (TSM: 251) del control moral. Más allá está el verdadero árbitro que se sitúa fuera y sobre el mundo. El atractor que genera orden tiene, en este caso, la ventaja de crear un orden moral legítimo, pero la desventaja de ser un atractor externo que impide concebir el sistema de intercambios de losafectos humanos como un orden constituido endógenamente a partir de sus propias prácticas miméticas. Hay algo o alguien que desde fuera legisla y dicta, fijando así las bases morales del orden efectivo de intercambio moral.
De este modo acaba el viaje de la simpatía. El ser humano menesteroso y multipasional, ese ser que busca su propia preservación pero precisa la comunicación y la sociedad parallegar propiamente a ser, se convierte en la criatura que solicita y eventualmente obtiene la simpatía de un espectral espectador imparcial e informado. Estamos ante el sosia moral de las manos ocultas y benéficas que aseguran el orden del mercado. ¿Desliz puritano de un moralista que, para hacer inteligible el mundo emergente, hubiera podido prescindir de lo que le dictaba la tradición de la que...
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