Corazon de cristal.doc

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CORAZON DE CRISTAL
Candace Camp

Lettice no cree en el amor. Esta actitud la induce a casarse por dinero con un hombre brutal que la utiliza como anzuelo para atraer incautos a sus partidas de cartas. Pronto comprende que su elección de marido no ha sido muy afortunada y huye de Londres camino de los territorios británicos en Norteamérica, agitados ya por los vientos delindependentismo. De la mano de Charles, un colono del Nuevo Mundo que conoció en Inglaterra, Lettice descubre la noble causa de los sublevados y se une a ella. Aprende asimismo, también gracias a Charles, que el verdadero amor sí existe. Pero no podrá desprenderse de su pasado tan fácilmente. Cuando más cerca está de la felicidad, sus anteriores errores le pasan factura.

1

Lettice inspeccionó el salón debaile con una expresión de elegante aburrimiento cuidadosamente dibujada en el rostro. El tedio era una actitud de rigor en estas reuniones y Lettice tuvo la impresión de que no tendría que fingir para conseguirla. Desplegó lentamente el abanico y empezó a moverlo perezosamente mientras sus fríos ojos verdes continuaban observando la reunión. «Santo cielo, qué gentío», pensó con desdén. Si Flo lehubiera mencionado a cuánta gente había invitado, no habría asistido. Pero ahora tendría que hacer los habituales recorridos, coquetear y bromear con ingenio, ya que si no lo hacía, todo el mundo se preguntaría sobre qué pasaba con lady Lettice. Envidió a Philip, que había tenido la sensatez de rehusar y había ido a una de sus timbas. Ahora tendría que quedarse allí al menos un par de horas antesde escabullirse e ir a jugar un poco ella también.
Sólo pensar en las cartas, su boca generosa se curvó en una pequeña sonrisa y un destello iluminó momentáneamente sus ojos verdes.
-¿Sería demasiado esperar que esa sonrisa fuera por mí? -le susurró fatuamente al oído una voz masculina. Lettice rió.
-Percy, querido, ¿cómo podría ser así, si se me acerca a hurtadillas por la espalda con tantomisterio?
Lettice se volvió y obsequió al hombre con una de sus sonrisas más radiantes.
Percy Fratham, deslumbrante con su casaca de puro satén y una máscara de adoración en el rostro, era desde hacía tiempo el más fiel admirador de Lettice. Le había tomado apego desde la primera vez que la vio y había seguido siéndole leal desde entonces, incluso después de su boda con Philip. Lettice nunca lohabía tomado en serio. A menudo declaraba que la devoción de Percy por ella era resultado de su holgazanería; encontrar un nuevo objeto de veneración requería demasiado esfuerzo. En privado, Lettice sospechaba que sus preferencias verdaderas iban por otro lado y que a ella la utilizaba como una prudente excusa a su falta de interés por las mujeres. Fuera cual fuera el motivo, Lettice encontrabadivertido el carácter cínico de Percy y disfrutaba de su compañía.
-Gracias a Dios que está aquí -dijo Lettice-. Pensaba que tenía por delante una velada de aburrimiento absoluto. Pero ahora sé que como mínimo usted me entretendrá poniéndome al corriente de los chismorreos. Dígame, ¿quién está enamorado de quién hoy?
Percy sonrió y cogió graciosamente un pellizco de rapé:
-¿Por qué no empezar,pues, por nuestra encantadora anfitriona, la condesa de Lysbeck? ¿Ya sabe, supongo, lo del apuesto capitán de su guardia?
-Percy, me decepciona. ¡Esa noticia tiene semanas!
-La aventura sí, por supuesto, pero no lo que voy a contarle: la condesa había organizado esta velada para él, para exhibirlo ante todo el mundo. Pero, al parecer, el capitán se ha disgustado con ella y se ha negado a asistir.Así que Flo ha reunido a esta espantosa multitud simplemente para que presencien su humillación.
-Pobre Flo. -Lettice torció la boca con fingida compasión, gesto que había practicado durante muchos años y cuya sensualidad conocía de sobra. Eran pocos los hombres que no habían reaccionado al hoyuelo que súbitamente aparecía en el extremo de su boca llena o al lunar postizo negro que se acercaba...
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