Edad adulta

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Crisis de la tercera edad
17/11/2011

De las obras: “De la vida fugaz” de Elisabeth Lukas y Claudio García Pintos y “El precio de la vida” de Judith Viorst.
Nadie negaría que la edad nos puede castigar con pérdidas profundas e intensas –pérdidas de la salud, de nuestros seres queridos, de un hogar que ha sido nuestro refugio y nuestro orgullo, de un lugar en una comunidad familiar, deltrabajo, de nuestra condición social, de los horizontes, objetivos y de la seguridad material, de la capacidad de control y de nuestras decisiones. Nuestros sentidos nos comunican la decadencia de nuestra fuerza y de nuestra belleza. Nuestros sentidos pierden agudeza y nuestros reflejos se vuelven lentos. Nuestro poder de concentración es más pobre, somos menos eficientes para procesar información ysufrimos pérdidas de la memoria… “¿Cómo se llamaba aquella chica? Sé que es un nombre que conozco”.
Los estudiosos de la vejez reconocen que si bien la buena salud, los buenos amigos, la buena suerte y un buen ingreso, evidentemente hacen la vejez más soportable, lo que determina la calidad de nuestra vejez es la “actitud” con que nos enfrentamos a nuestras pérdidas y la propia naturaleza de esaspérdidas.
Hay ancianos y ancianas por ejemplo, que ven en cada dolor, en cada signo de decadencia o limitación física, un atropello, un asalto, una humillación y una pérdida intolerable. Pero también hay quienes logran adoptar un punto de vista más positivo sobre este asunto, y que pueden decir, al igual que el escritor francés Paul Claudel: “Ochenta años, ¡no queda nada de la vista, de los oídos,de los dientes, no quedan ni piernas ni pulmones¡ Y cuando ya se ha dicho todo o se ha hecho todo, ¡qué bien se siente uno sin estas facultades¡”
En realidad, yo solía compartir esta idea de que la vejez solo podía traerme pérdidas. Hubo una época en que pensaba que mi mejor papel en la vida era el de la Niña Bonita, creía que el tiempo me llevaría desde la luz del sol a la oscuridad. Nunca megustó otra estación que no fuera la primavera. Y aún me cuesta imaginar que si vivo lo suficiente seré una anciana, pero ahora eso ya no me parece tan mala noticia. La gente con la que he hablado y acerca de la que he leído, algunos personajes públicos, otro de círculos personales, me ha demostrado lo rica que la vida de un ser humano puede ser al final de los sesenta, a los ochenta, inclusivepasados los noventa.
“Mi amiga Irene es la más joven de ellos, sólo tiene sesenta y ocho años, y me ha dicho que no es demasiado tarde para empezar a jugar al tenis. La verdad es que para Irene nunca es demasiado tarde para emprender algo, y la prueba es que hace poco ha comenzado a escribir una novela, y hace algunos años siguió clases de canto, después de haberse inscrito en unos cursos científicosen Harvard. Ahora sueña todavía con aprender a pintar, a tocar un instrumento, con ir a Islandia y bailar el zapateado”.
Debo mencionar a una mujer más, una mujer memorable, psicoanalista y profesora, amante del cine, de los libros, de los museos y de los buenos momentos, que a lo largo de su vida conservó el más dulce de los apetitos -el de la curiosidad- y cuyo interés primordial en la vidafueron las personas. Sólo la vi una vez –una dama frágil y pequeña, que escuchaba una conferencia en una silla de ruedas. Tenía dificultades para respirar pero se sentía latir la vida en ella. Entre las numerosas herencias que esta mujer nos dejó se encuentra el siguiente sueño: “En su sueño está sentada a una mesa, cenando con unos amigos. Está comiendo con mucho placer, y come también de losplatos vecinos. Pero antes de acabar su comida, un camarero empieza a retirar los platos. Ella levanta su mano para protestar, porque desea detenerlo. Pero entonces recapacita y deja caer su mano lentamente. Dejará que lo retire todo, no se lo impedirá. No ha terminado su plato, que sabe muy bien, y no cabe duda de que le gustaría servirse otro poco. Pero ya ha comido lo suficiente. Está dispuesta a...
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