Educación

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1.       EL PENSAMIENTO LATINOAMERICANO

El pensamiento latinoamericano cuyas bases arrancan con José Vasconcelos, José Martí, Enrique Rodó, José Carlos Mariátegui y otros, encuentra en el debate entre el filósofo mexicano Leopoldo Zea y el pensador peruano Augusto Salazar Bondy, su máxima expresión. El eje del debate entre ellos, si existe o no una filosofía latinoamericana o una filosofía sinmás, sigue teniendo actualidad entre nosotros. Todos los filósofos latinoamericanos actuales están gobernados por dos posiciones frente al tiempo latinoamericano: por un lado, efectuando un movimiento doble de crítica del presente y recuperación del pasado cultural y, por otro, como consecuencia del primero, una profunda y sincera creencia en una emancipación y liberación descansable en un futuropletórico y prometedor, cuya tensión utópica es creativa. El presente, como tiempo, sufre los embates de todos los pensadores latinoamericanos y sólo se le atiende como un medio para sus utopías o como una plataforma para resemantizar un pasado generalmente concebido como heroico y digno.
Es un reto todavía ver al presente de frente, sin el "imperialismo de las categorías" europeas, como decíaJosé Gaos. Asimismo, todos parten de la creencia que la base de la redención de América Latina, desde un sufrimiento colectivo al que de previo le han asignado sentido para justificar su propio papel liberador, está en los ejes más clásicos de la modernidad desde Augusto Comte, Emile Durkheim, y Carlos Marx: el trabajo desalienado  y la educación liberadora.
Todos, también, centrados en uncristianismo, religioso o secular, activo y mesiánico, que muchos hicieron acompañar de Hegel/Marx y las combinaciones de moda en Europa (Lévinas, Camus, Sartre, Toynbee, Ricoeur, Braudel, Bloch, Scheler, etc.) que terminaron por producir lo que conocemos como filosofía y teología de la liberación.  Incluso, José Carlos Mariátegui, probablemente el más original de todos nuestros pensadores, no sea, desdeesta perspectiva, más que una combinación loca, pero fecunda, de George Sorel y los ayllus incaicos.
Así, podemos ver, pues, en un desfile impresionante a un Arturo Ardao y su obsesión por el nombre de América Latina, amenazada por la llegada de la era de la "diferencia"; a Horacio Cerutti y la presentación como virtud de algo que hoy se ve al revés: la crítica como lo "otro" de la Utopía; aCarlos Cullen Soriano, y su separación en América Latina del "ser" y del "estar" de la mano con el regreso a Kant por la vía de la educación, el cuidado del otro (sorge) y la autonomía; a Rodolfo Kusch y Juan Carlos Scannone con su "estar siendo" y la "gratuidad", venidos de la combinación de las escuelas clásicas antropológicas y las teorías narrativas de Paul Ricoeur; a Enrique Dussel y su fácilrendición a las modas junto a su paso sin remordimientos de Lévinas, a Marx y ahora a Said y Bahba sin nombrarlos; a Franz Hinkelammert, y su imperturbabilidad sobre su discurso emancipador donde nada ni nadie lo puede hacer cambiar de sus viejas ideas sobre una combinación de Marx con Abraham o Tomás de Aquino, al menos tan ricas e imaginativas como las de Paulo Freire con Rosseau y Hegel, perodistintas a las rígidas de Pablo Guadarrama, Raúl Fornet- Betancourt y Ricaurte Soler sobre Marx, Fidel Castro, el nacionalismo y los recientes estudios culturales (convertidos en filosofía intercultural) que ya empiezan, por cierto, a agotarse en algunos círculos; a Francisco Miró Quesada y a Arturo Andrés Roig dentro de la filosofía del lenguaje y los universos discursivos y emancipatoriostributarios del marxismo y el hegelianismo; a Alejandro Serrano Caldera y su profundización (después de polemizar contra un marxismo fácil y evangelizador que casi lo asfixia) en el pensamiento de la ilustración de Kant y Rousseau (para oponerlo al racionalismo instrumental del mercado y de la política cínica) a través de un Nuevo Contrato Social y la Unidad en la Diversidad; a Abelardo Villegas y su...
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