El aura constructiva

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CAPÍTULO XI
Y POR LO TANTO

Acababa de dar una charla sobre apariciones, cuando una mujer de mediana edad, muy bien vestida, se me acercó y me dijo:
—Señor Stanford, me encantó su charla, pero su aura es todavía más fascinante que lo que dijo.
Algunos investigadores afirman que la personalidad "psíquica" no es nada inhibida. Dado que ello es definitiva­mente cierto respecto de mí, tuve casique morderme la lengua para no responder: "Bien, en ese caso la próxima vez me ahorraré la voz y me quedaré en silencio, de pie, para que la gente me contemple el aura", pero prevaleció la discreción y pregunté en cambio:
— ¿Qué es lo que tiene mi aura de fascinante?
—Durante todo el tiempo, señor Stanford, resplandeció con un verde magnífico, sencillamente magnífico —dijo la mujer con su dulceacento sureño—. Era tan espléndida que debió de estar divinamente inspirada, sin la menor duda, divinamente inspirada. Diría incluso que es usted un curan­dero.
No podía creerlo. Siempre pensé que sólo los curanderos verdaderos y naturales de real capacidad exhibían un aura como la que describía la mujer, cuya sinceridad era evidente.
—Oh, puedo asegurarle que mi aura no es tan agradable —fue mirespuesta. Pero, dándome cuenta de que quizá pensara que trataba de parecer humilde, agregué—: Sólo un poderoso curandero tiene esa especie de aura, y mi mujer le dirá, cuando tiene dolor de cabeza, que no lo soy.
En ese punto, otra mujer intervino en la conversación y dijo:
—Ella tiene razón. También yo vi su aura. Era del color de las campanillas de las flores de Irlanda. . . pero, ¡oh, tanvivida y resplandeciente!
—Les aseguro —dije bromeando— que mi aura es quizá demasiado para la TV en colores. Pero no es como una campanilla de Irlanda. Me la veo en el espejo todos los días. Nunca vi en ella verdes agradables.
Las tres amistosas mujeres estaban por hacerme iniciar un viaje por la grandeza de mi ego, cuando vi la cortina brillantemente iluminada frente a la cual yo habíaperma­necido durante la conferencia. Era de un radiante color rojo-anaranjado. No sin cierto alivio me di cuenta por qué habían creído que tenía una profunda y brillante aura verde. (Un aura semejante hubiera sido una responsabilidad excesiva para mí.)
Fue entonces cuando por detrás de mí surgió la voz de una tercera mujer:
—¿Y por qué entonces yo también la vi como ellas?
Expliqué a las tres mujeresque, mientras me miraban frente a esa cortina anaranjada brillantemente iluminada, se les había fatigado la vista y la habían desviado un tanto a uno y otro lado continuamente. Este efecto común de la fatiga, junto con la retención retinal, crea una ilusión ópti­ca: una región resplandeciente de una a cuatro pulgadas en torno a un objeto que se encuentre a la distancia a la que ellas estaban de mí.En este caso, dado que el fondo brillan-, teniente iluminado era rojo-anaranjado, sus ojos vieron su complemento en el espectro, un verde radiante.
—Miren fijamente el micrófono y su sostén durante un minuto —les dije—. Verán que también él tiene una hermosa aura de curandero.
— ¡Oh, mi Dios! — exclamó la señora que lo había inicia­do todo— Tiene usted razón.
—Pero mi maestra de lectura deauras nos dijo que miráramos a cualquiera de ese modo con un lindo fondo iluminado —se quejó una de las mujeres—. Dijo que ésa era la manera de ver el aura.
— ¿Cuánto pagó por el curso? —le pregunté.
—Doscientos cuarenta dólares —contestó la mujer afligida, con creciente remordimiento.
—Bien, sencillamente se deshizo de 240 dólares para aprender a malinterpretar los fenómenos ópticos —dije—. Si lacortina hubiera sido roja, usted habría jurado que yo tenía una radiante aura azul.
—Me temo que también yo seguí un curso con la misma mujer —confesó otra de las tres.
Les expresé mi simpatía diciéndoles que en mis viajes por el país me había encontrado con millares de personas bien intencionadas despojadas por falsos videntes de auras, quie­nes o bien se auto engañan, o bien habría que...
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