El loco

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EL LOCO
Y LA PITUCA
SE AMAN

Javier Córdoba

NADIE SE MUEVA
I
Nonato le decían en la escuela. Y él siempre respondía a escupitajos; mostrando su sonrisa de vampiro, pues le faltaban todos los dentales. Comía sus alimentos de lado, y se enfrascaba en peleas terribles en el polvo de la calle porque le decían cosas de su madre. Estaba solo e indefenso, mostraba los puñitos cerrados a susprofesores y al director. Nonato, niño problema, siempre soñaba con una víbora que se enrosca y se prepara para lanzar una dentellada.
Por lo común tiene las uñas largas y sucias; muchas veces lo han puesto en ridículo frente a todos porque no se baña y su uniforme siempre tiene manchas o duerme con él y viene arrugado a la escuela. Por las mañana tiene hambre, y sus bolsillos están cargados depiedras y guijarros. Huele a papel periódico y conchas de ostión.
Sus cuadernos siempre aparecen manchados de salsa de tomate, y tiene dos años en segundo curso. Prefiere a las maestras porque a veces llevan falda corta, él ha aprendido a masturbarse desde los cuatro años. “Sientes como cosquillitas” – nos decía y nos mostraba la técnica, aunque alguno de nosotros ni siquiera lo tuviéramosduro.
Tenía amigos de su edad y más grandes, y de todos tipos. Se reunían en la Cueva de los dragones impregnados de olor a thiner, cubriéndose con papel periódico. Era un túnel sin luz, abandonado en la estación Insurgentes del metro.
Desde ahí observaron muchas veces el brillo de los billetes de mil en la noche. Para ellos no era secreto el ruido de los autos rondando las calles. Los gritos depeleas y de golpes en los altos de los hoteles.
Estaban acostumbrados a dar informes: ahí a dos cuadras, en el Restorán César. Y el Restorán César era un tugurio abierto toda la noche, en donde no faltaban autos estacionados, ojos vidriosos y pistolas semiescondidas.
Una vez siguieron a un par de hombres y una mujer. Los hombres cachondeaban las nalgas, los senos, y la mujer borracha lescorrespondía con su grupa firme y se dejaba aflorar la ropa. Aquellos trataron de ahuyentarlos con pedradas y amenazas. Sapo los acompañaba con su mirada tristona y exagerada, la rompa lamparosa, las vocales demasiado largas y arrastraba las eses.

“Yo sé dónde se puede”, les dijo. Y uno le largó un billete de diez. Los guió por calles tortuosas y vacías hasta un estacionamiento. Los hombrestendieron a la mujer sobre la grava y se la tiraron uno después de otro.
Uno de sus recuerdos punzantes era el brillo de los muslos húmedos y temblorosos a la luz artificial de la noche citadina.
Reforma amanecía constantemente. Loco tenía muchas ganas; como Sapo. Pero eran pequeñas y la mujer los trataba como madre. “Consíganme unos papeles para limpiarme”. Y entre los dos limpiaron el semen de losotros; la venida abundante de la mujer, con papeles sucios, caligrafiados con letra de doctor que poco les interesaba.
Sabían de memora los gritos por violación. Muchachas casi de su edad paseaban sus nalguitas aún duras frente a las mesas al aire libre. Eran amigas de los meseros, y todos ellos eran como una gran familia maldita que recogía los diamantes olvidados por los putos.
Conocía lascamisas desgarradas y llenas de sangre. Sus ojos tenían la expresión estrábica de los que buscan incansablemente en el piso; de los que miran los autos patrullas, los autos de antenita y simplemente suben los hombros, mientras los hombres del gran poder en la pistola golpean, hieren, lastiman, sin importarles si son observados.
Entraba de incógnito en el cine Teresa, rompía los vidrios de las casas dela colonia Cuauhtémoc. Era flaco, esmirriado, seco, pero sus pies eran más ágiles que los de cualquier policía o guarura.
Nunca lo detuvieron porque no cometía errores. “¿De qué trabajas?”, preguntaban sus compañeros de clases con asombro. “Soy relojero”, decía él. Pero estaba entrenado para pedir limosna y fingirse tullido. Entonaba canciones a pedazos escuchadas en la radio, y su mano...
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