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Capítulo XVII
El siglo de las luces
§ X
Escuelas materialistas

D. José Marchena. –El sensualismo: El P. Muñoz y Capilla. –D. Juan Justo García. –Reynoso. –Lista. –Arbolí. –Martel. –Pascual. –Salas. –Difusión de las teorías de Bentham. –La frenología: Cubí. –El materialismo: Mata. –Sala y Villaret.

No existe término medio en la conciencia religiosa de España. O católica o atea. Avisrarissima será la persona que reniegue del catolicismo para confesar otro dogma. En España no se puede romper la disciplina mental formada por tantas generaciones sin saltar con brusco empuje a la completa negación o a la absoluta indiferencia. Semejante cualidad nos explica que el clero descreído a fines del siglo XVIII, según hemos de ver, abrazara las teorías sensualistas, que sólo un eclesiásticode nota, D. José María Blanco, sentara sus reales en la iglesia inglesa y que la mayoría se hundiera, como el llamado Abate Marchena, en la sima del ateísmo materialista.

D. José Marchena (1768-821), utrerano, estudió humanidades y teología en Sevilla; pero no pasó de las órdenes menores. Huyendo de la Inquisición se refugió en Gibraltar y emigró a Francia. Alma generosa y abierta a todas lasideas, sufrió el vértigo de la innovación, y después de haber cooperado en la Revolución francesa, vino a morir bajo el cielo de su patria.

Su obra como traductor fue inmensa. Sabio humanista, tuvo la humorada de fingir un texto de Petronio, realizando con tal arte su empresa, que todos los eruditos cayeron en el lazo. Alentado con el éxito, repitió la superchería y fingió haber descubiertoversos de Catufo en un [482] pergamino de Herculano. Había pasado con brusco salto de ortodoxo a ateo y en París estableció una escuela con el siguiente rótulo: «Se enseña el ateísmo por principios».

Todos los sacerdotes de la escuela sevillana compartían en el fondo las ideas de Marchena. Un hálito de criticismo volteriano había estremecido todo el clero secular español que seguramente habríaexteriorizado su descatolización. sin la presión constante de las Órdenes religiosas. En las Cortés de Cádiz, ilustrados presbíteros abogaban por las ideas liberales, en tanto que otros abrazaban el partido francés por amor al mismo credo, y algunos se expatriaban para abjurar públicamente su perdida fe.

Tengo por innegable que en el alma de Marchena subsista un fondo de candor y generosidad visibleaun en sus supercherías literarias que trascienden a bromeo andaluz. De la insólita claridad de su mente bastará a dar idea el siguiente hecho: Deseando el general Moreau poseer una estadistíca de cierta región alemana imperfectamenle conocida, Marchena aprendió en brevísimo tiempo alemán, leyó todo cuanto sobre el asunto se había escrito y redactó la estadística como si fuera consumadotopógrafo.

Poeta de la duda positiva que minaba su conciencia, no la guisa de los modernos retóricos, exclamaba:

«¿Quién sabe si es la muerte mejor vida?
Quién me dio el ser ¿no puede conservarme
Más allá de la tumba? ¿Está ceñida
A este bajo planeta su potencia?
El inmenso poder ¿hay quien lo mida?
¿Qué es el alma? ¿Conozco yo su esencia?
Yo existo. ¿Dónde iré? ¿De dó he venido?
¿Por qué elcrimen repugna a mi conciencia?»

Marchita su juventud, acaso los anteriores versos dentaban un reflorecimiento de su prístina educación que le hizo dudar de su ateísmo. Profesa la moral de la naturaleza, combate el ascetismo; mas no se halla en su pensamiento nada sistemático. Tenía mucho talento, mucha erudición [483], mucha gracia; pero sus aptitudes parecían flores malogradas que daban aromasal aire por no haber hallado la dama merecedora de lucirlas o aspirarlas, el altar que embalsamar con su aliento y adornar con sus colores.

En el prólogo a sus Lecciones de filosofía moral y elocuencia (1820), presenta al Dios de los cristianos como espíritu inextenso que llena el espacio y el tiempo y ve todas las verdades posibles, de donde infiere que los milagros son indignos de la...
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